Las respuestas a la Pandemia (Parte 1)

Opciones de visita a sitios arqueológicos en México. Cortesía: www.inah.gob.mx

El Covid nos puso a todos en pausa, aunque a pesar de ello, personal de museos y espacios patrimoniales no dejó de pensar en formas alternativas para que la gente siguiera en contacto con su patrimonio. A tres, o cuatro meses de haber permanecido en casa, los recursos en línea gestados durante este tiempo se quedan para disfrute de miles de usuarios, mientras los planes de reapertura física comienzan a manifestar los primeros grandes cambios que estaremos presenciando al visitar estos recintos de memoria e identidad.  

Durante la primera fase de alarma, cuando se hicieron vigentes las medidas de prevención que obligaban a la gente a permanecer en casa, trabajadores de museos, sitios arqueológicos y espacios de difusión y divulgación del patrimonio, (la mayoría también desde sus casas), actuaron para mantener a la gente en contacto con su patrimonio. En el primer momento, aquel en el cual acatábamos las instrucciones de nuestros gobiernos de evitar el contacto físico con otras personas, recibíamos una buena cantidad de opciones de museos y otros lugares patrimoniales, que disponían de accesos virtuales y actividades de divulgación para pasar el tiempo en casa. Los listados de lugares que ofrecían este tipo de servicios no tardaron demasiado en aparecer en redes sociales y a través de mensajería de teléfono.

Este primer momento fue crucial, porque en el desconcierto, y entre la salvaguarda de la integridad física de la gente y sus familias, se incrementó el uso de recursos en línea para visitar virtualmente lugares del mundo que en la rutina recién quebrada estaban fuera del alcance.

Ese momento fue seguido por otro, en el cual se gestaron nuevos recursos, todavía con sabor a emergencia. Se crearon nuevos contenidos, se utilizaron nuevas plataformas y se dinamizó la comunicación sobre el patrimonio en todos los frentes posibles, con especial énfasis en todos los que se podían accesar desde Internet.

Aún situados en la crisis, pero ya con una perspectiva que acentúa el hecho de que debemos acostumbrarnos a vivirla por un período más, los espacios patrimoniales siguen ofertando los servicios de comunicación preexistentes y generando otros; a la par, se comienzan a generar preguntas, reflexiones, acerca de lo que ha pasado con el patrimonio, de lo que está pasando y de las formas como nos podemos (y debemos) adaptar para seguir ofreciendo oportunidades de encuentro entre la gente y el patrimonio ante una circunstancia inédita.

Evidentemente, las interrogantes son muchas, pero una de ellas anticipa cuáles son las prioridades. En todos los casos sabemos que lo más importante es proteger a las personas. Varios museos, sobre todo en el contexto europeo que inició el período de confinamiento antes que América, han tenido un poco más de tiempo para organizar la reapertura de sus espacios. Las medidas precautorias para evitar el contagio por Covid19 han implicado el asesoramiento científico y por supuesto la disposición de recursos considerables, cuando se ha podido, con tecnologías sofisticadas instalados a la par de la protocolización de nuevos hábitos en el interior de los recintos.

La seguridad es una demanda, y ocurre en dos vias: Los museos buscan actuar de manera responsable para sus visitantes y para la gente que allí trabaja, sin detener su actividad; y los usuarios difícilmente irán a un lugar en un momento de ocio, de esparcimiento, a sabiendas de que les puede costar demasiado caro. 

Todo lo dicho redunda en más de una consecuencia, y en efecto, una que a los intérpretes mucho importa es la experiencia de conocimiento y de aprendizaje. Lo cierto es que la pandemia Covid está acarreando una variable más en el ámbito del aprendizaje significativo. Pensemos en que hay gente que no ha salido de su domicilio en meses, o peor aún, en personas que han tenido la desgracia de perder a algún ser querido por motivo de la pandemia, sellando un trauma que durará toda su vida. 

Si recordamos el esquema de Falk y Dierking (2008) para comprender la experiencia que tienen los usuarios en museos, no pasará demasiado tiempo en que reconozcamos que más allá de la tranquilidad que solemos vincular con la idea de asistir a un museo, de repente aparecerá también asociado con la idea de visita a un lugar patrimonial sentimientos de estrés y de miedo, mismos que nos acompañarán indudablemente en el contexto de la reapertura.

En el esquema de Falk y Dierking se entrecruzan el contexto personal, el social y el físico para la conformación de la experiencia de visita. El contexto personal, que de por sí es complejo, vincula física y mentalmente a las personas con el lugar en el que están. En el plano físico aspectos como la adaptación del lugar con medidas de accesibilidad para distintos tipos de visitantes, así como la disponibilidad de alimentos, servicios sanitarios y espacios de descanso influyen notablemente en la posibilidad de que los visitantes no estén más preocupados en satisfacer esas necesidades primarias que en el disfrute de su visita. 

En este período de daptación, el contexto personal habrá de considerar la consideración de medidas no solamente que garanticen la salvaguardia de la salud de las personas, sino que les hagan sentir que están seguros. La divulgación de las propias medidas de seguridad adaptadas por los espacios que se visitan ingresarán, ahora, a nuestra menuda lista de los planes de Intepretación. 

Por ejemplo, el Louvre publicó en su página principal que la gente estará obligada a usar cubrebocas o máscaras, que se controlará el aforo y que se fomentará la distancia adecuada para que la gente no tenga contacto cercano entre sí. Como parte de los nuevos protocolos de seguridad, publicó nuevas medidas reglamentarias tanto para visitantes como para guías de turistas. 

Un paso más allá lo desarrolló el Museo Casa Batló de Gaudí, en España. En ese lugar, se dispuso de un programa de tecnologías muy sofisticadas para proteger a las personas del contagio Covid, mismo que fue justamente divulgado a través de un video promocional exclusivo sobre el programa de reapertura segura. 

Programa “Visita Protegida”, Museo Casa Batlló, España

El programa se denominó “Visita Protegida” y anuncia un “entorno seguro”. La nueva mercadotecnia del lugar publicita la existencia de purificadores de aire de alta tecnología que elimina virus y bacterias, sistemas de ionización bipolar de plasma activo, limpieza de equipo que se comparte por los visitantes para audioguías con luz ultravioleta, monitoreo de temperatura corporal de los visitantes en todo momento, control de aforo y señalética informaciones pertinentes al Covid.

El museo en este contexto, cumple con su responsabilidad para con la gente, pero le anticipa que se puede sentir seguro allí dentro, con lo cual se aminora el estrés y se puede trabajar directamente en los discursos propios de la exposición. 

Como podemos apreciar, esta pandemia nos está dejando muchísimos consecuentes, cambios, en los procesos de disfrute del patrimonio. Los museos también deben reinventarse, y aunque desafortunadamente, tal y como se anticipa por el ICOM, cerca del 10% no podrá sobrevivir a la pandemia, quienes lo hagan habrán de asumir nuevos retos, mismos que tocarán las agendas de los intérpretes que en ellos trabajamos. 

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Referencias

Museo Casa Batló, “Volvemos el 1 de julio con innovadoras medidas de higiene”, en https://www.youtube.com/watch?v=hiuCCkN3KiY&feature=youtu.be. Visto el 1 de junio de 2020.

Para conocer medidas tomadas en casa Batlló: https://www.casabatllo.es/novedades/garantizamos-una-visita-segura-con-innovadoras-medidas-de-higiene/

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