Interpretación con Autenticidad: ¿Por qué es importante y cómo lograrla?

La gente que hace turismo cultural y natural gusta de sentir que está asistiendo a lugares que no están contaminados por intrusiones que no corresponden a lo que lo hace auténtico, verdadero. La sensación, sabemos todos, es una ilusión que viene acompañada de emociones que pueden llegar a afectar de manera muy impactante los resultados (el logro o no) de nuestros objetivos de interpretación.

Beamish, The Living Museum of the North - Coach Tours UK
Vivir una experiencia del pasado es algo que ofrecen lugares como Beamish Museum, UK. Fotografía tomada de http://www.coachtoursuk.com/beamish-living-museum-north/.

Lo auténtico es algo que ha sido estudiado desde muchos lugares. El ámbito de las experiencias es uno de los dos grandes protagonistas. Los motivos están muy bien fundamentados por las grandes implicaciones que esto tiene en el marketing. En las últimas décadas, los clientes de miles de empresas se sienten más beneficiados y satisfechos si reciben experiencias, más que productos.

En los lugares patrimoniales, las ventajas económicas de atender a la experiencia no han pasado desapercibidas. De ahí que los lugares que tienen interpretación viva sean tan exitosos. “Vivir” un momento en el pasado, o en otra cultura es, cuando se planea cuidadosamente, un evento que por el simple hecho de denominarse experiencia (aquello que el cuerpo y la mente experimentan), se convierte en algo mucho más fácilmente memorable. 

La autenticidad tiene mucho que ver con una palabra clave: Credibilidad. Si ponemos un poco de atención, nos daremos cuenta de que todo este asunto de la autenticidad tiene un importantísimo componente sobre la percepción de alguien que puede juzgar y considerar algo auténtico – o no.

Llamó mi atención, en este sentido, un número de Legacy, la revista de la National Association for Interpretation de los Estados Unidos, que en noviembre de 2014 dedicó su número justamente a este asunto. Como antecedente, valga mencionar que en nuestra arena, la interpretación del patrimonio, hay básicamente dos oportunidades para identificar en dónde se manifiesta la autenticidad, y en ambos se pueden presentar juicios:

  1. En los objetos o los elementos que presentamos.
  2. En lo que decimos sobre esos objetos. 

Los objetos y elementos que presentamos

De la Mona Lisa de Isleworth a la del Prado: el misterio de las otras "Giocondas" de Da Vinci
La Mona Lisa ha sido una de las obras que ha generado más controversia por la existencia de más de “una” original. Imagen tomada de magnet.xataka.com.

Jon Kohl, en uno de los artículos publicados en este volumen, recuerda un episodio en el cual se encontró con un grupo indígena en Kenia. El chamán, relata Kohl, tenía con él un teléfono celular. La imagen evidentemente chocaba con una de purismo indígena o aborigen. Quien viniese de fuera podría claramente juzgar ¡esto no es auténtico!, como si las sociedades tradicionales tuvieran la obligación de vivir sin aprovechar las conveniencias del contexto en el cual viven.

La autenticidad está muy vinculada con la experiencia, con el sentir interno de estar viviendo un contexto especial, diferente. Esta noción de autenticidad puede aumentar o reforzarse cuando una persona tiene acceso a algo que es auténtico en el sentido de original, a decir, que no es una copia. El sentimiento de estar en frente de una obra maestra de algún autor clásico es distinto cuando está acompañado de la palabra “reproducción”, o “copia” del original. La idea de ver un cuadro original está acompañada con una idea de ver no solo el objeto, sino al personaje famoso detrás de ella.

Lo que decimos sobre ellos

Otra forma de experimentar autenticidad es a través de aquello que los visitantes juzgan como información de calidad. Ello tiene relación con un evento que marcó un momento importante acerca de los discursos oficiales sobre el patrimonio. En 1994, en Japón se firmó un documento (El Documento Nara sobre Autenticidad), que respondía a la preocupación ante un problema que se presentaba justamente en el ámbito de la comunicación sobre el patrimonio. 

La representación de información disponible puede ayudar a reproducir contextos arqueológicos y darles un sentido de autenticidad. Huaca Pucllana, Lima, Perú. Foto: A.Jiménez.

El documento decía: “La presentación del patrimonio cultural, en todas sus formas y períodos históricos (que podríamos referir como comunicación o interpretación), halla sus fundamentos en los valores que en cada época se atribuyen al patrimonio. Nuestra capacidad para comprender estos valores depende, en buena parte, del grado en el cual las fuentes de información sobre estos valores puedan tomarse como creíbles y verdaderas. El conocimiento y la comprensión de estas fuentes de información en relación con las características originales y las derivadas del patrimonio cultural, así como de su significado, es un requisito básico para valorar todos los aspectos de su autenticidad”.

La preocupación estaba clara: Necesitamos contar con discursos más apegados a aquello que refleja lo que sabemos sobre ellos, a aquello que hace evidente su valor.

Si en interpretación partimos del hecho de que es importante apegarnos a la información, pero comunicada de una manera eficiente y acorde con las cualidades de una buena comunicación, podemos retomar propuestas de otros expertos. Mary Buchman, en el mismo volumen, nos presenta una excelente solución que encuentra coherencia y consistencia con documentos profundamente reflexionados como el documento Nara sobre autenticidad y otro más, que es la Carta de Burra, a la cual ya hemos hecho referencia antes.

Dice nuestra autora: “El primer paso hacia la autenticidad en un sitio que interpretamos es que los intérpretes se familiaricen con las características y cualidades (yo diría valores), del lugar. Ello ayuda a tener un mejor sentido del lugar. Revisar la misión puede ayudar, y si no la hay, hacer un poco de planeación previa para rectificar sobre qué es lo que lo hace único y excepcional, para entonces, comunicarlo con todas las herramientas interpretativas que tengamos a nuestra disposición” (Cfr.). 

La solución me parece formidable: Si queremos dar a la gente un sentido de autenticidad, entonces recurramos a lo que se sabe, científicamente, sobre el bien patrimonial. Divulguemos ese contenido, porque es justamente lo que le da su personalidad, su excepcionalidad, su sentido de originalidad. La historia de cada bien, así como sus cualidades, son sus verdaderos valores, aquellos que hacen de algo único e irrepetible. Los intérpretes debemos conocer muy bien el bien, tener un buen sentido de lugar, reflexionar sobre la misión del lugar (que suele estar respaldada por la investigación del mismo).

¿Lo auténtico es realmente auténtico?

La noción de autenticidad, en la vida real, es algo altamente controversial y que al depender tanto de la percepción, como científicos, hemos de cuidar. En el artículo de Jon Kohl, encontramos cinco ámbitos conforme se puede presentar en la mente de los visitantes:

a) En el ámbito natural, aquello no tocado por el hombre; b) en el ámbito original, lo que es original en su diseño, en ser el primero de su tipo, o nunca visto por ojos humanos (no una copia o imitación); c) en el ámbito excepcional, aquello que está hecho excepcionalmente bien; d) en el ámbito de la referencia, aquello que refiere a otro contexto, y que da una imagen de inspiración acerca de la historia humana; y e) en el ámbito de la influencia, aquello que despierta la influencia hacia otras entidades, con llamados hacia una meta mayor. 

A partir de ello, nos podemos preguntar: ¿Realmente hay algo no tocado por el hombre? Tanto en ciencias naturales como en sociales, sabemos que esto es realmente alejado de la realidad. 

Algunos investigadores han llegado al extremo de referir que no existe lugar no tocado por el hombre porque el ser humano ha generado consecuencias en todos los rincones de planeta, en lo que a la naturaleza refiere. En el aspecto cultural, los antropólogos son los primeros en identificar que no existen sociedades inconexas de alguna u otra forma con el mundo moderno.

Si lo vemos de esa forma, entonces habremos de iniciar desde una plataforma más realista, pero que más que desanimar habría de provocarnos a comunicar aquello que sí es auténtico, y que es el conjunto de valores intrínsecos que tiene el patrimonio independientemente de esta noción de contaminación.

De esta manera, estaremos relevando, con apoyo en los resultados de investigación, cualidades que hacen de nuestros bienes algo auténtico no necesariamente porque no estén influenciados por la modernidad, sino porque su historia les ha dado un carácter único e irrepetible.

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Referencias:

Buchman, Mary (2014) “Authenticity of Interpretation. An Existencial Perspective”, en Legacy. The magazine of the National Association for Interpretation. Noviembre / Diciembre 2014, Vol. 25, Número 6, Denver: NAI, USA.

Kohl, Jon (2014) “What Is Really Real”, en Legacy. The magazine of the National Association for Interpretation. Noviembre / Diciembre 2014, Vol. 25, Número 6, Denver: NAI, USA.

UNESCO (1994) Documento de Nara sobre la Autenticidad

Mirar hacia el Patrimonio en tiempos del COVID19

Los humanos vivimos una crisis impresionante. COVID19 ha venido a cambiar nuestras plataformas económicas, nuestras rutinas sociales y aparte de los ajustes momentáneos que muchos estamos experimentando (como quedarnos en casa y todo lo que ello implica), en un futuro no muy lejano, demasiados aspectos de nuestra vida cotidiana. 

Teotihuacan cierra la visita pública los días 21 y 22 de marzo
Teotihuacan cierra sus puertas para prevenir contagio de Coronavirus en 2020. Fotografía: Diario GlobalMedia, 18 de marzo 2020.

En la redacción del diario británico The Guardian, encontré el 30 de marzo un encabezado: “Nunca podremos volver a la normalidad: ¿Cómo cambiará el Coronavirus el Mundo?”, y comienza: “Todo parece nuevo, increíble y abrumador. Al mismo tiempo, se siente como si estamos en un sueño recurrente. En cierto sentido, lo estamos (…)”. 

El Museo Louvre cierra sus puertas para evitar contagio por Coronavirus. Marzo 2020. Diario The National.

Y continúa: “…Imagina que hace algunas semanas alguien te dijera lo siguiente: Dentro de un mes, las escuelas cerrarán. Casi todas las reuniones serán canceladas. Cientos de millones de personas alrededor del mundo se quedarán sin trabajar. Los gobiernos estarán gastando los mayores paquetes de dinero en la historia por un propósito común. En algunos lugares, los propietarios no estarán colectando sus rentas, o los bancos las hipotecas, y los vagabundos tendrán permiso de hospedarse en hoteles gratis. Se realizarán experimentos en la provisión directa de ingresos básicos por parte del gobierno. Grandes áreas del mundo colaborarán, con diversos grados de coerción y a empujones, en un proyecto compartido de mantener a las personas separadas al menos por dos metros de distancia entre ellos siempre que sea posible. ¿Habrías creído lo que estabas escuchando?”

Lo que vivimos es increíble y es álgido. Pero para pensar en el lugar que ocupa el patrimonio, hemos de reconocernos en un futuro próximo. Como dice la filosofía popular: “Esto… también pasará”. En algún momento lo que estamos viviendo será parte de nuestra historia humana, y en muchos canales dejará saldos, muertes y cambios económicos y sociales en proporciones inimaginables.

Para mirar a un posible escenario, en aras de imaginar en dónde entrará nuestro patrimonio cultural y natural en escena, debemos mirar a la Historia. Tenemos muchos ejemplos, pero recordemos para un propósito muy concreto, un proceso mundialmente traumático: 31 millones de personas fallecidas en la Primera Guerra Mundial, 60 en la Segunda. Ello, en vinculación con el posterior surgimiento de una de las más grandes organizaciones promotoras de la paz y de la promoción de la conservación del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural. Posterior a la Primera Guerra, el surgimiento de la Sociedad de las Naciones, con un documento que resultó fundamental en la historia de la conservación del patrimonio cultural: La Carta de Atenas (1931). Tras la Segunda Guerra Mundial, la creación de la Organización de las Naciones Unidas, con la conformación de la UNESCO como uno de sus grandes corolarios.

Pero ¿qué fue lo que pasó? Algunos estudiosos explican que tras la desgracia en ambos casos, se hizo muy evidente la necesidad de encontrar en el ámbito global baluartes de esperanza, de tener posibilidades de ver dignamente, como humanos, hacia el futuro.

Lo que ocurrió fue que se manifestó “el principio de la esperanza” al que tanto refiere Manuel Gándara, algo que tenemos los humanos cuando reconocemos con tristeza que aparentemente todo está mal. Ello, por supuesto, ocurre en todos los niveles. Las desgracias sociales se dan en múltiples escalas y se han dado a lo largo de toda la historia de la humanidad. Lo aparentemente recurrente es que los grupos humanos en sus historias más traumáticas, casi siempre llegan a un momento en el cual, tras la desolación y la aceptación y en pleno encuentro con una nueva estabilidad tras la crisis, buscan encontrar algo que una a las personas hacia lo que, aunque tan soñador, resulta tan fundamental: Un mundo, o una vida mejor, adaptado ahora a las nuevas condiciones.

Curiosidades del mundo, Los nuevos lugares del Patrimonio Mundial
Algunos lugares Patrimonio Mundial. Fuente: https://www.dikaestudio.com/curiosidades-del-mundo/.

Si observamos lo anterior, reconoceremos tranquilamente el sentido de una de las más apreciadas definiciones de patrimonio cultural (al menos para quien esto escribe), del antropólogo Bonfil Batalla, escrita allá por los años 90 del siglo XX. En ella nos explicaba que el patrimonio cultural eran elementos “…de los que las sociedades se echan mano para enfrentar sus problemas, desde las grandes crisis, hasta los aparentemente nimios de la vida cotidiana” (Pfr.) .

Pensando en el patrimonio como baluarte de la esperanza, reconocemos que los humanos siempre buscamos renacer, pero en conjunto. Para ello suele ser útil hacer, literalmente, Historia (o reconocer, homogeneizar versiones, entender de manera colectiva lo que pasó). Ello hace que se construyan nuevos patrimonios, nuevos referentes de aquello que vivimos y que nos costó rupturas, sufrimientos y grandes sorpresas. El patrimonio une. Integra gente en ideas, en sueños de futuro, en prospectivas.

Habrá quien considere que no es momento para pensar en el patrimonio, y con justa razón. Estamos viviendo la crisis al rojo vivo. En este momento, hay muchísima gente muriendo o viviendo la muerte de seres queridos, sin poder siquiera estar con ellos. Hay gente preguntándose qué pasará con su presente y su futuro económico. Personas lidiando con un “quédate en casa” cuando esa acción implica padecer violencia doméstica, limitaciones u otros aspectos para nada de aplaudir. Hay, en corto, mucho, muchísimo miedo.

Los países tienen mucho por ocuparse en el interior de sus fronteras, y preocupantemente, quienes ayudaban a otros no tendrán para seguirlo haciendo. Se vienen problemas de pobreza más agudos de los que ya existían, con todo su corolario aparentemente inevitable. 

10 Amazing Natural World Heritage Sites - 10 Most Today
Patrimonio Mundial Natural. Great Barrier Reef, Australia. Foto: https://10mosttoday.com/10-amazing-natural-world-heritage-sites/

Por otro lado, hay gente contenta con este proceso. La utopía anticapitalista se dejó caer intempestivamente: La naturaleza tiene ahora un gran respiro porque bajaron los niveles de contaminación a nivel global; Cielos azules en ciudades donde hace años ya no era posible ver las estrellas, silencios, una reducción al máximo del uso de vehículos automotrices, convivencias con la gente cercana, madres haciendo de mamás, maestras de escuela y entrenadoras deportivas. 

Entre las cosas buenas y malas se trata de entender el momento desde distintas perspectivas. Pero ante todo ello, hoy en día, se está construyendo el futuro. El cambio que se avecina es inminente, y el patrimonio cultural y natural, una vez más, va a resurgir con fuerza. No hoy, en el momento de la crisis, que ha incluido, por cierto, una pausa a la práctica del turismo cultural en los más grandes y famoso centros de patrimonio; pero sí en algún tiempo, cuando hayamos normalizado la nueva etapa de este traumático episodio.

En ese momento, tal y como ocurrió en las Post Guerras, habremos observado la consecuencia en el ámbito ambiental, político y social. Como parte de la cualidad humana resiliente y de pensar en un futuro, el espíritu, no será de extrañarse, será uno de volver a encontrar las razones por las cuales los humanos somos algo valioso en la Tierra, y probablemente, fortaleceremos la conciencia de vulnerabilidad y de necesidad de solidaridad. 

El patrimonio global, el de representación mundial, volverá a la escena con fuerza. Mientras tanto, quienes vivimos este momento tenemos que registrar, muy conscientemente, las lecciones que nos está dejando la presencia de este virus. Tenemos que atender a la emergencia, habilitar todos nuestros posibles canales de solidaridad.

En el proceso, hacer lo que esté de nuestro lado para seguir procurando el patrimonio, comunicando su valor, porque sin duda alguna en el futuro la sociedad resurgida lo requerirá. El patrimonio cultural, en el futuro, será una de las herramientas importantes que nos ayudarán a salir de este gran momento de crisis y eso es algo que no debemos perder de vista. Los intérpretes habremos de seguir trabajando para imaginar formas, y comunicarlas, con las cuales el patrimonio pueda ayudarnos a sobrellevar de la mejor manera este difícil momento.

Referencias:

Barker, Peter C (2020) “We can’t go back to normal: How will coronavirus change the world?”, en: The Guardian, Marzo 30 de 2020. Consultado en línea: https://www.theguardian.com/world/2020/mar/31/how-will-the-world-emerge-from-the-coronavirus-crisis

Bonfil Batalla, Guillermo (1994) “Nuestro patrimonio cultural: Un laberinto de significados”, en Cama Villafranca y Rodrigo Witker (coords) Memoria del simposio: Patrimonio y política cultural para el siglo XXI, Colección Científica, INAH: México.