Cómplices de la Interpretación

La interpretación es una profesión que ayuda a la gente a conocer cuestiones interesantes y valiosas de nuestro patrimonio cultural y natural. Pero para que eso ocurra, los proyectos transitan por procesos a veces largos, por caminos no muy planos. Éstos suelen comenzar por una idea, pero para concretarse necesitan de gente que crea en ellas y que tenga posibilidad de apoyarlos.

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Arturo Oliveros Morales † (1937 – marzo de 2020), destacado arqueólogo mexicano, apoyó en el año 2001 el primer estudio de visitantes en un sitio arqueológico de Michoacán, con miras a realizar un innovador proyecto de interpretación del patrimonio.

En interpretación no podemos trabajar sin aliados. Aliados para contar con información de calidad, y también aliados para hacer realidad los proyectos de interpretación. Para materializarlos, para contar con discursos que se instalen y que se pongan en funcionamiento. 

En los orígenes de la nuestra profesión en el plano internacional, hubo allá por los años 50 del siglo XX un período de presentación de ideas, de propuestas, de argumentos, acerca de las posibilidades que se podían desprender si se comunicaba el patrimonio de una manera distinta a la tradicional. Estos discursos fueron emitidos por Freeman Tilden a la gente del National Park Service de los Estados Unidos, y seguramente no fue fácil ni instantáneo convencer a autoridades a implementar programas con esta orientación.

Ya pasadas las décadas de ese primer momento que derivó en que la interpretación del patrimonio sea algo incluso institucionalizado en otros países, nosotros aún tenemos que informar a la gente, autoridades y colegas, qué es, con qué se come y para qué sirve la interpretación. Así, en México, al igual que en otros países de Latinoamérica, muchos intérpretes hemos tenido que argumentar un sinnúmero de veces que esto que hacemos es algo útil y necesario.

En mi experiencia, cuando hablamos de las mieles de la estrategia, a los oídos de mucha gente la teoría suena maravillosa. Podemos encontrar sinergias, aplausos a la estrategia, empatías manifiestos en auditorios tras charlas, cursos o conferencias, y aún así habrá camino que recorrer antes de lograr la concreción de proyectos. 

Las razones terminan siendo ya un poco predecibles, aunque nunca suficientes para dejar de seguir intentándolo: La interpretación implica hacer las cosas de manera diferente, comenzando porque es preciso iniciar con planeación estratégica que es algo a lo que no muchos están habituados. También implica conocer a la audiencia, hacer estudios de público, en ambos casos con costos no solo financieros sino de tiempo. 

Por ello, animar gente a apoyar proyectos de interpretación, reconozco plenamente, termina también por ser parte de nuestro trabajo como intérpretes. Nuestra circunstancia es distinta a la de un médico, quien no tiene que convencer a sus pacientes de que haber estudiado medicina para tratarlo es algo útil y necesario para sanarlo.

Explicar lo que es nuestra profesión, sus beneficios y ejemplos exitosos, es parte de la información que debemos traer en el bosillo para presentar ante la menor provocación. Somos intérpretes del patrimonio, pero también intérpretes de la propia interpretación, siempre que buscamos enamorar a gente que tiene capacidad de decisión para apoyar en el desarrollo de programas de interpretación.

En México nuestra “campaña persuasiva” inició hace ya unos 20 años, cuando Manuel Gándara comenzó a dar cursos a estudiantes de arqueología, al tiempo que promovía la estrategia en el ámbito del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Quien esto escribe es parte de esa herencia, de ese proceso, porque fue en ese contexto cuando recibí mi primer curso en la materia.

Después, yo misma he dedicado parte de mi vida profesional no solo a conocer más, sino a promover a la interpretación ante la menor provocación, tal y como ocurrió apenas concluí mi titulación como arqueóloga, justo con una tesis sobre interpretación del patrimonio. 

Tzintzuntzan, Michoacán (México), una de las zonas arqueológicas primeras en contar con un estudio de visitantes con miras a aprovechar la información para generar un plan de interpretación. Foto: A.Jiménez, 2012.

En aquellos primeros momentos, conocí al arqueólogo José Arturo Oliveros Morales, quien era responsable de la investigación en la zona arqueológica de Tzintzuntzan, en Michoacán (México). Gracias a él tuve mi primer trabajo como arqueóloga, en un proyecto de mantenimiento menor de la zona, pero que incluyó, gracias a la apertura y apoyo del Dr. Oliveros, con un complemento hacia un proyecto de interpretación.

En ese contexto, Arturo apoyó la realización de uno de los primeros estudios de visitantes a sitios arqueológicos en la historia de nuestro país (tal vez el primero financiado por la Institución), en Tzintzuntzan, Michoacán. El estudio de público estaba inspirado en la metodología de la interpretación, que dictaba la necesidad de conocer a nuestro público antes de emitir cualquier discurso al público no especializado.

En el año 2001, Tzintzuntzan tuvo entonces su primer Estudio de Visitantes. Luego de ello, trabajamos con él en una propuesta de divulgación de la arqueología tarasca, proponiendo algunas líneas sobre los temas más representativos de la arqueología tarasca.

Por algún tiempo quedó guardado material producido por este proyecto, y algunos años después publiqué un folleto de divulgación con enfoque interpretativo – temático: “Los cinco secretos del poder tarasco”. Por supuesto, el folleto estuvo inspirado y orientado por los principios propuestos por Sam Ham en su libro  Environmental Interpretation, Making a Difference on Purpose. Todo esto fue ciertamente realizado con una intención de no abandonar el esfuerzo que habíamos hecho a través de tres temporadas de trabajo en este importante sitio arqueológico.

En un proyecto apoyado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Michoacán y El Colegio de Michoacán, se imprimió un folleto de divulgación inspirado por los principios de Tilden y Ham, en el año 2010. Ver publicación

Para publicar el folleto, hubo que buscar otros aliados. En este caso, se trató de un financiamiento otorgado por un programa de apoyo a las culturas municipales (Pacmyc), financiado por el gobierno del Estado de Michoacán, y con el respaldo de El Colegio de Michoacán.

El producto podría verse como un proyecto pequeño, si lo vemos desde una perspectiva institucional. Sin embargo, puedo decir que fue grande en mi desarrollo personal profesional porque era la primera publicación que realizaba expresamente con esta metodología. Al final, considero a este pequeño folleto un discreto ejemplo de los logros que podemos generar si no quitamos el dedo del renglón, de seguir promoviendo y ejercitando a la propia interpretación. 

El producto final me ha llenado de satisfacciones: En varias ocasiones he encontrado gente que lo ha tenido en sus manos (incluso adultos, para quienes no estaba expresamente dirigido este folleto), y que lo ha encontrado interesante, útil, diferente. No es magia, me digo en mi interior: Es pura estrategia.

La moraleja que nos deja esta experiencia es que en interpretación no podemos imaginar que lograremos mucho si sólo caminamos solos. En la ruta hacia el avance de nuestra profesión, hemos de reconocer que al tiempo que estamos promoviendo proyectos de interpretación, estamos fortaleciendo a la profesión misma, pero que solo lo podemos lograr con el apoyo de gente que va confiando en las posibilidades de este tipo de proyectos.

Gracias Arturo, fuiste uno de los primeros en apoyar las labores sobre interpretación en sitios arqueológicos mexicanos, y ciertamente el primero en el estado de Michoacán. Ello se suma al caudal de obra y legado que quedó plasmado en libros, artículos y proyectos arqueológicos en tu campo de especialización, la muerte en el México Antiguo, a lo largo de tu vida. Descansa en Paz Arturo Oliveros Morales, entrañable Maestro.

One thought on “Cómplices de la Interpretación”

  1. Buen aporte. Interesante artículo sobre una temática que requiere presentarle atención, sobre todo por lo que puede aportar a la conservación de los recursos patrimoniales y al desarrollo de territorios sostenibles

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