Adiós casa, voy a mi casa

Una carreta en la cual se transportaron productos a lo largo del Camino Real Tierra Adentro. Museo Guadalupe, Zacatecas. Foto: A.Jiménez, 2020.

Los humanos nos hemos movido de lugar a lugar todo el tiempo. Migrar, viajar; hacerlo con gusto, con miedo, con furia, con esperanza, con cansancio o con confort. Dejar lo que uno tiene como cotidano para buscar una nueva rutina; decir adiós y saludar a lo que viene, muy distinto de lo anterior, es algo que muchísimos humanos han vivido. 

Tal vez, incluso, tú también. Con certeza, alguien de tu familia: tus padres, tus abuelos o tus bisabuelos, quienes en algún momento de sus vidas migraron de algún lugar para establecerse en otro (¿el lugar donde naciste?), en búsqueda de una vida mejor. En el proceso, se habrán enfrentado a una enorme cantidad de retos, comenzando con aquello que les implicó conocer gente nueva, comer cosas distintas, adaptarse a lo local y aprender a desapegarse del pasado.  

Fragmento del Camino Real Tierra Adentro, que se usó durante más de 300 años para conectar la Ciudad de México con Santa Fe por la Corona Española. Imagen del Museo Guadalupe, Zacatecas.

Si me permites hablar de hechos, te diré que en el inicio y durante más del 90% de la historia de la humanidad, fuimos nómadas; en este 10% que vivimos muchos somos sedentarios y otros tantos siguen moviéndose de lugar en lugar año tras año. Aparte de eso, individuos, familias y comunidades enteras que se mueven de un lugar a otro, cambian de pueblo, de ciudad o incluso de país. 

¿Y qué tiene que ver esto con la Interpretación del Patrimonio?, seguramente te estarás preguntando. Lo que hago, es presentarte un ejemplo de algo que nos es común a todos los humanos, pero que tiene causas y desenlaces muy específicos en casos particulares. 

Esto, en gran sentido, es sumamente útil en la interpretación. Mucho leemos acerca de que debemos hacer de la información que brindamos algo relevante y significativo: Relevante porque nos ayudará a que nuestro público conecte con algo que ya sabe, que ya conoce, que ya ha vivido; significativo porque es algo que al público le importa. 

Con un poco de creatividad, y dirigido hacia un objetivo que es que la gente entienda y le importe lo que queremos decir, la comunicación sobre la importancia de objetos, por ejemplo en museos, puede ser mucho más sencilla.

El reto central al que me refiero es que habremos de tratar de entender cómo los objetos que presentaremos en una exposición (cualquiera que éste sea: un lápiz, la llanta de un coche, un espejo, una lámpara, una jarra), se relacionan con algo que todos los humanos entendemos. Además, porque son parte de las formas como estos humanos solucionan problemas o circunstancias comunes, que se presentan en la vida cotidiana. 

Así, si hablamos de estos ejemplos de arriba, un lápiz se relaciona -entre otras cosas, por supuesto-, con algo tan grande como lo es la comunicación; la llanta de un coche, con esta movilidad humana; un espejo con la imagen que tenemos de nosotros mismos; y una jarra con la posibilidad de saciar la sed. En todos los casos, con la creatividad y las posibilidades que en ese momento histórico hubo para que las personas solucionaran estas circunstancias de maneras muy particulares.

El mensaje que hay detrás de esto es, que buscaremos que imagines que dices a tu público: ¿ves a estos humanos? Ellos tenían las mismas necesidades que tú, pero para solventarlas lo hicieron de esta manera.

Aquí, entonces, hemos de centrar nuestra atención en estos conceptos, que por cierto, han sido abordados por intérpretes de distinta forma. Algunos han aludido a los “valores universales”, otros a “conceptos universales” y en general, a lo que van todas las propuestas es a decir que hay cosas que nos son comunes a todos, no importa cuándo o dónde hayamos vivido, y que nos pueden ayudar a conectar a nuestra audiencia por el simple hecho de que ellos son también humanos. 

Identificar conceptos universales suena bien, pero la verdad es que a la fecha no contamos con una fórmula para identificarlos. Pareciera como si fuera una cuestión de sentido común, pero no lo es. Existe, en el fondo, un enorme riesgo que tiene que ver con lo que los intérpretes consideran que es universal, asumiendo que todo el mundo va a entender y que a todos va a importar, pero que en realidad no es así.

Aquí va la cosa: Los intérpretes vivimos nuestra propia circunstancia histórica, y el hecho de que veamos algo todos los días puede hacer que pensemos que lo que vivimos es algo tan natural que ha existido durante todo el tiempo. Esto es algo que el arqueólogo e intérprete del patrimonio Manuel Gándara ha subrayado en distintas ocasiones. Para encontrar conceptos universales, nos enfrentamos realmente a grandes retos. 

Un Cadillac de principios del siglo XX, en el Museo Guadalupe, Zacatecas. Foto: A.Jiménez, 2020.

En términos absolutamente prácticos, imaginemos una circunstancia: Estamos con un grupo de especialistas, en un taller del cual saldrán conceptos universales que utilizaremos en nuestro programa de interpretación. Imaginemos que todo gira en torno al tema “transportes” porque tenemos una colección de medios de transporte. Comenzamos con una típica lluvia de ideas sobre posibles conceptos universales: “viajes, adaptación -a circunstancias durante el viaje y en el nuevo destino-, interacción con gente distinta, … y alguien dice las palabras “capacidad de comprar”.  En nuestra escena imaginaria, quien está registrando esta lluvia de ideas la anota para seguir con otras más. 

Se “colaron” estas palabras, diríamos en el lenguaje coloquial mexicano. ¿Por qué? Porque quienes las mencionaron son personas que viven en una sociedad habituada al intercambio monetario, y sobre todo, identifica como “normal”, “habitual” e incluso “humana” la existencia de transacciones en un esquema económico acumulativo al estilo capitalista, como el que muchos vivimos hoy en día. 

Quienes tienen conocimiento sobre historia o ciencias antropológicas, sin embargo, levantarán la mano y dirán ¡Oye, eso no es algo común a toda la humanidad: Es absolutamente contextual porque no ha ocurrido en todos lados y no ha ocurrido siempre!

Y ahí comienza la discusión. Como intérpretes, allí se centra nuestro reto. Sin lugar a dudas, es algo no resuelto, porque cada proyecto conlleva a temáticas y hace llamado a unos conceptos de manera más natural que por sobre otros. 

En Interpretación del Patrimonio, entonces, nos enfrentamos a retos tan grandes como lo son las propias inquietudes que desde el ámbito académico no encuentran una solución única.  “Adiós casa”, “voy a mi casa”, como una de las posibilidades de abordaje de temáticas como lo son el transporte y la migración porque asumimos que todos los seres humanos han tenido en algún momento de sus vidas una casa.

En ese sentido, habríamos de detenernos a reflexionar, y a conversar con nuestro equipo de trabajo, sobre los conceptos universales que hemos elegido. Lo anterior, buscando como resultado de esa reflexión -de la cual seguramente habría una discriminación de algunos de ellos-, que la mayor cantidad de seres humanos que asistieran a nuestra exposición entendieran y se sintieran atraídos por lo que les habríamos de decir en nuestra exposición.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *