El secreto de los paneles exitosos

Encontrar un panel atractivo, entretenido y con información relevante es algo que siempre se agradece. Producirlo, sin embargo, es todo un reto. Esto se debe a que en el éxito del panel se involucran variables que comienzan por la más compleja de todas, que es la historia y el contexto personal, individual, de quien está frente a él. 

Panel informativo en el Rancho Las Golondrinas, alusivo al Camino Real Tierra Adentro. Nuevo México, USA. Foto: A.Jiménez (2019).

En todos los casos, hemos de partir de una premisa, y es que el público es quien decide qué hacer, cómo y cuándo hacerlo. Al momento de estar frente a nuestros dispositivos y materiales, las personas deciden todo: leerlos, utilizarlos o simplemente no hacerlo. Así, nuestro trabajo rebasa por mucho nuestro deseo de comunicar información determinada y anticipa que debemos perseguir objetivos de provocar a nuestra audiencia tanto a nuestros objetivos comunicativos globales como a otro más indispensable: que nos voltee a ver. 

Los materiales deben proporcionar la información que necesitamos comunicar, pero deben hacerlo de manera amigable, divertida, entretenida y ante todo personal. En este contexto, el panorama se hace amigable para nosotros como intérpretes cuando encontramos autores que, con ya un buen camino andado en la producción de materiales interpretativos, nos brindan consejos muy prácticos. En este post, revisaremos algunos de los propuestos por Susan Cross, de un artículo publicado en la revista de la Association for Heritage Interpretation, publicada en el Reino Unido. 

Como antesala, habremos de imaginar que cada palabra debe tener un propósito específico. Mucho se ha referido acerca de que la gente no va a un museo a leer, sino a divertirse, y de paso, a aprender. En un museo o exposición, o en general en cualquier lugar donde instalamos paneles interpretativos, hay más que hacer aparte de leer, y hay tiempos óptimos de atención que las personas dedican a aprender algo nuevo (si se sobrepasa, por ejemplo, en museos, se genera lo que ha sido referido como fatiga de museo). Si a eso añadimos que muchísimas personas no tienen el hábito de la lectura, tenemos suficientes argumentos para reconocer que hemos de seleccionar muy bien las palabras que imprimiremos, han de tener sentido y función clara y específica. Hemos de pensar de una manera muy ahorrativa, casi al extremo. Cada palabra tiene un costo, y debe estar plenamente justificada. “Haz que tus palabras trabajen”, dice Susan Cross.

La primera recomendación casi siempre, y no solamente en el ámbito de los paneles sino de todos los materiales que producimos, está en poner atención en el título. “El título es vital”, dice Susan Cross, porque permiten que el público tome por primera vez (la primera de muchísimas), si sigue estando con nosotros o si se va a otro lugar, recordemos, no solamente físicamente, sino mentalmente. 

Este panel ubicado en la zona arqueológica de Tulúm tiene información interesante para el público… ¿consideras que hay algo que podría mejorar? Foto: A.Jiménez, 2019.

Lo que en nuestra experiencia se ha hecho cada vez más evidente es que el título ha de cumplir tres funciones básicas: Llamar la atención de la gente que va pasando por ahí; provocar curiosidad por seguir leyendo, e introducir la información que queremos proporcionar. Seguir la regla máxima: usar pocas palabras, es vital. 

Una recomendación sale a colación en el tema de los títulos, y es que, a pesar de que muchas veces nos sintamos tentados a utilizar el humor, las más de las veces lo que es gracioso para unas personas puede no serlo para otras, llegando a extremos en los cuales puede ser incluso ofensivo para algún sector. Lo mismo aplica para el uso de rimas, dichos que aparentemente son de conocimiento universal y no, son totalmente culturales y con ello absolutamente limitados a un grupo de personas. Esta circunstancia hace que otro gran grupo esté excluido y peligrosamente, si también es alguien a quien queríamos dedicarle el mensaje principal, le estemos poniendo una traba para que le llegue. 

En el título se puede hacer uso de recursos diversos, y uno de ellos es el hecho de que no necesariamente debe componerse exclusivamente de palabras. De hecho, deseablemente el panel debe complementarse con una adecuada composición de imágenes y diseño gráfico, todo con un afán de reforzar lo que se quiere comunicar. Ambos: El título y la imagen, es lo primero que nuestro público verá.

Susan Cross nos recuerda algo importante sobre el siguiente elemento: Los subtítulos son importantes, y nos remiten a algo que está siempre haciendo nuestro público (por supuesto, una vez que ya tomó la decisión de continuar). Las personas, típicamente, seguirán probándonos, sondeando si vale la pena seguir o no con nosotros. Entonces, aprovechará el subtítulo para hacer una especie de escaneo, que le permitirá saber si la información sigue siendo atractiva e interesante. Los subtítulos nos ayudan a seguir provocando la curiosidad, al tiempo que van dosificando un poquito más de información.

Nuestros usuarios siempre van a agradecer las jerarquías de texto e información.

El cuerpo del panel, ahora sí, complementa y responde a las curiosidades que despertaste al inicio. Ello, sin olvidar que siempre estamos buscando la interacción -física y mental- de la audiencia. A veces queremos que voltee a ver algo, a veces que piense en algo, a veces que haga algo. Por ello, el uso de preguntas es un recurso de gran utilidad. Preguntas, valga la pena reiterar, que a la gente le interese responder y de las cuales cuente con elementos para responder. De hecho, la respuesta que se puede desprender en la mente de tu visitante puede ser la plataforma de una controversia entre sus propios pensamientos y los que podrían resultar distintos, a veces impresionantes, que son los que tú le puedes proporcionar. 

Un último comentario, también extraído del texto de nuestra autora: Hemos de asumir que la gente no leerá todo lo que escribas (claro, aunque duela), y por eso habremos de jugar con tamaños o colores de letra cuando queramos resaltar algo particularmente importante, sin abusar de este recurso por supuesto.

El tamaño del texto, para el caso de paneles exteriores, es otro tema de interés, y una de las recomendaciones más recurrentes es que tengan alrededor de 200 palabras. Cuidar la distribución, reconocer que el público continuará leyendo solo si va resultando interesante y provocador para consumir el siguiente nivel. 

De esta manera, encontramos en la producción de paneles informativos dos grandes retos: Que la gente los lea; que la gente interactúe consigo mismo y con su entorno.

Referencias:

Cross, Susan (1998) The Tip of the Iceberg, Journal of the Association for Heritage Interpretation, vol 3n no 1: January 1998. Outdoor Interpretive Panels.

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