La interpretación une a las personas

Cada pedazo del patrimonio cultural tiene (al menos), una historia para contar. Cada historia es más, especialmente, relevante, para unas personas que para otras. Por eso, dicen por ahí, existen distintos niveles de patrimonio, que van desde el que tienen grupos de gente pequeños hasta los que relacionan historias nacionales, internacionales o mundiales.

Fotografía presentada en panel interpretativo, publicado en el Museo de Arte Textil en Cusco. Foto: A.Jimenez, 2019

El patrimonio cultural, en todos los casos, tiene una función fundamental: une personas. Y las une a través de los lazos que esas historias hacen porque dan claridad sobre varias cosas. Puede ser un pasado común, una historia compartida o incluso pensamientos coincidentes sobre cualquier tipo de temática.

El patrimonio está de un lado, y la gente del otro. No pasará mucho tiempo antes identifiques que el punto mágico de contacto entre uno y otro es lo que se dice acerca del patrimonio y la forma en que quien recibe esa información la incorpora en sus pensamientos.

Si además de ello, reflexionamos un poco acerca de que lo que pensamos sobre el patrimonio cultural es un auténtico reflejo de cómo nos relacionamos con la gente con quien vivimos,  o cómo imaginamos el pasado y el futuro, entonces comenzaremos a prestar todavía más atención en esto que se llama “discurso sobre el patrimonio cultural”.

La relación que tenemos con nuestro patrimonio cultural es súper interesante, y pensar en qué es lo que más nos importa de este patrimonio nos puede ayudar a entender cosas tan importantes como por qué últimamente tendemos más hacia el individualismo que hacia el fortalecimiento de las colectividades, o por qué no actuamos realmente ante fenómenos como el cambio climático como sociedad.

Los intérpretes reconocemos, en nuestra mayoría, cuán importante es hacer crecer y fortalecerse los vínculos que la gente tiene con los objetos que hablan de su pasado, de su historia, y de los pensamientos colectivos que nos pueden ayudar a vivir mejor. Dicho de otra forma, nos importa demasiado visibilizar las historias que estos objetos tienen para contar, ante los ojos de quienes, sin saberlo, son parte de esa historia. 

Así que si, por un lado, tenemos los objetos del patrimonio; y por el otro, las historias (que han sido recuperadas o esperan ser recuperadas a través de un montón de formas), en medio tenemos los puentes que podemos crear entre unos y otros, en los cuales la comunicación, la interpretación, tiene todo que ver.

Más sobre unión a través del patrimonio: En la fotografía, un grupo de personas a quienes se nos compartió un discurso sobre la Primera Guerra Mundial en Reims, Francia. La empatía fue uno de los resultados, y la suma de todos los presentes al rechazo por todo lo ocurrido. Fotografía: A.Jimenez, 2018.

A veces los objetos existen, y las historias también… ¡pero nadie las conoce! (o no las conoce a quien podría -e incluso debería- importarle). La diferencia entre conocer y no conocer esas historias, por parte de la gente, puede ser tan importante porque allí sumamos otro punto más: El patrimonio que no se conoce se ignora, no se valora, y sí, tiene grandes posibilidades de destruirse sin que nadie diga ni “pío”.

Si recordamos a Tilden en una de sus más famosas frases que se ha parafraseado como “no se puede conservar lo que no se quiere y no se puede querer lo que no se entiende”, nos comenzaremos a adentrar en el mundo de la importancia de comunicar las historias que resguarda el patrimonio. En cierto sentido, yo he pensado en muchas ocasiones que lo que estamos haciendo los intérpretes es como volverle a entregar, pero de una forma diferente, algo que ya tiene (a su patrimonio). Es una entrega más consciente, que puede llegar a cargarse de significados, de revelaciones porque la gente ve su entorno de una manera diferente después de que le hemos comunicado algo en particular sobre ese elemento. 

Si hacemos un buen trabajo, lo que estamos comunicando es algo que conecta a una persona o a un grupo de personas con los objetos desde una perspectiva personal, interesante y significativa. Si hicimos un trabajo previo, revisamos cuáles son los puntos de unión que previamente tenía esa persona o ese grupo de personas con ese patrimonio, reforzaremos vínculos preexistentes (cuando estos ayudan a que el patrimonio se conserve),  y sorprenderemos con otros e integraremos a esos elementos patrimoniales en el conjunto de “cosas importantes” que tiene para sí.

Un reconocido antropólogo, Guillermo Bonfil Batalla, definió por los años 90 al patrimonio cultural como “un conjunto de elementos (…) de los que las sociedades echan mano para resolver sus problemas, desde las grandes crisis hasta los más nimios de la vida cotidiana”. El patrimonio sirve para algo, de hecho para muchas cosas, pero una de las que más me llama la atención es que cuando está bien asimilado por la gente, se convierte en parte del “equipo de emergencia” que las personas resguardan con gran recelo para cuando apremie una necesidad.

Los discursos sobre patrimonio cultural no tienen que ser sobre objetos majestuosos. A veces, éstos pueden remitir a momentos muy coloquiales que han vivenciado las personas en un pasado reciente. Recuperar memorias de ancianos, por ejemplo, y divulgarlas, es algo que también puede unir a las personas que viven en ese entorno. Morelia. Fotografía: A.Jiménez (2018).

Sin embargo, para que estos objetos, conjuntos de objetos o elementos se conviertan en ello, necesitamos siempre trabajar para que la sociedad los tenga muy presentes: Para que los valore, los cuide, los procure aún cuando no está inmerso en una gran crisis. De esta manera, el conocer (o el propiciar que se conozcan) las historias que el patrimonio tiene para contarle a su gente, es una actividad que debe realizarse cotidianamente.

Es algo que también debe animar a la gente a explorar su entorno, a identificar sus propios patrimonios, y una vez identificado, a buscar formas de que estas personas sean conscientes de por qué son importantes y significativos para su gente. 

Las diferentes formas de conocer el patrimonio (por la vía de la investigación o por la vía de la tradición oral) son una de las partes fundamentales; pero la otra, la de la comunicación de estos hallazgos, es algo en lo cual los intérpretes tenemos mucho por hacer.

La interpretación puede ayudar, entonces, a que el patrimonio cultural cumpla con una de sus principales razones de ser, que es unir a la gente en historia y en pensamientos para proyectar un futuro mucho más reflexivo.

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