¿De quién es esta historia?

En Interpretación del Patrimonio siempre buscamos atraer a nuestro público con historias que le interesen. Mucho insistimos en procurar que éstas sea personales, o dicho de otra forma, que los haga voltear, que toque las fibras de la gente en su ámbito individual. Pero… ¿Qué historias le interesan a la gente cuando hablamos de patrimonio cultural? 

El patrimonio histórico está lleno de historias que la gente quiere conocer, y que están lejos de limitarse a datos de estilos arquitectónicos y fechas de construcción. Y a tí: ¿Qué te gustaría saber de este lugar? Calle con casas históricas que rematan en la Catedral en la ciudad de Morelia (México). Fotografía: A.Jiménez.

Primero, hemos de tener bien presente que a la gente le encanta saber cosas sobre la vida de otras personas. Así, tendremos que buscar cómo nos puede ayudar el patrimonio a hablar de esa gente que lo vivió, lo hizo o le importó en el pasado. Ello cobra gran relevancia por el simple hecho de que a la gente siempre, por naturaleza, le despierta curiosidad saber cómo viven otros.

Si nos ponemos a pensar en el motivo, en realidad vamos a encontrar un montón. La curiosidad originaria que los seres humanos sentimos por otros humanos podría en realidad ser parte de nuestros propios mecanismos de supervivencia, simplemente porque nos obliga a observar para reaccionar: ¿Qué tal si estos “otros” constituyen una posible herramienta para solucionar alguna necesidad o algún problema?, ¿o si por el contrario, son más bien una amenaza para la estabilidad mía o de la gente que tengo cerca?

Los humanos también queremos conocer a otros para aprender de ellos, y esto, más que demostrado, es parte de lo que traemos en nuestros genes, tal y como ocurre con algunas otras especies de animales. Observamos, experimentamos, aprendemos. 

Podríamos encontrar otra gran motivación en el deseo, siempre presente, de expandir nuestra propia experiencia. Como antesala, sabemos que nuestras posibilidades son muy limitadas: Tenemos una vida y una circunstancia que por más que la queramos complementar con experiencias reales, difícilmente podremos llegar a experimentar tanto como las propias posibilidades que reconocemos. 

Pasando por la calle, es casi inevitable voltear a ver el interior de esta casa moreliana. ¿A quién no le da curiosidad cómo era la vida en este inmueble hace 50 años? Fotografía: A.Jiménez, 2017.

En corto, los humanos siempre queremos experimentar más, y si no se puede en la vida real, cuando menos a través de lo que observamos, leemos, escuchamos o apreciamos por distintos sentidos de lo que viven o vivieron otros miembros de nuestra especie. Si no, ¿qué sentido tendría la literatura, el drama, el cine y tantas otras formas de ver la vida de otros? 

Esa es en realidad la gran importancia de las historias: Son útiles para complementar cuestiones que a los humanos les parecen importantes. Sin embargo, ahí no para la cosa. Como este interés es tan personal, no es de extrañarnos que a unos humanos les parezca más interesante alguna historia por sobre otra. 

¿De qué depende? ¡Uff! de tantas cuestiones vinculadas con la experiencia de vida de cada quién, aunque es evidente que como intérpretes no esperaremos crear mil historias distintas para mil visitantes. Tenemos que planear por sectores o por tipos de público. 

Para ello, partamos de una reflexión: ¿En qué circunstancia a un hombre le interesaría saber aspectos de la vida de otro hombre? ¿Lo mismo acerca de aspectos de la vida de un niño, de una mujer, de un anciano o anciana? ¿Qué aspectos de la vida de estas personas serían más interesantes para este hombre? ¿Qué tal si pensamos en una mujer, o en un adolescente? ¿Qué temáticas atraerían su atención acerca de otras personas, por su género o por su edad? Sin ánimo de ser tan determinantes (porque podemos hacer generalizaciones, mas nunca determinaciones tajantes), pensamos en algunas opciones.

Curiosamente, si realmente nos ponemos a reflexionar sobre posibles respuestas, terminaremos pensando en nuestras propias motivaciones para conocer aspectos de otras personas. A veces el interés es muy práctico, uno que nos ayudaría a encontrar mejores soluciones a los problemas que tenemos en nuestro día a día; en otras nos interesará conocer cómo se organizan las personas en otra sociedad, y siempre nos permitirá espejear para tomar consciencia de cómo nos organizamos nosotros. En el fondo, lo que jalará nuestra atención es tan básico como el confrontar cómo encuentran otros formas de vivir conforme a sus circunstancias, y con ello, consciente o inconscientemente, estaremos buscando y encontrando esas mismas respuestas para entender nuestra propia existencia. 

Por este motivo tan práctico, la satisfacción de una curiosidad sobre algo que de antemano le importa a la gente (¿cómo viven o vivieron otros?), los intérpretes debemos ser conscientes acerca de para quién estamos creando historias relevantes. 

Preguntarnos ¿de quién es esta historia? nos va a permitir reflexionar acerca de “a quién estamos presentando o describiendo”, “qué estamos diciendo sobre cómo vive o vivía esa persona o grupo de personas”, “a quién le podría importar esa historia o narrativa”, y ante todo, “¿por qué habría de importarle esta narrativa a mi público real?”. 

Si observamos, todo es una cuestión de estrategia. Pensar en la relevancia de la historia ya está dirigiendo nuestra mirada a un público meta, quien potencialmente se verá atraído por ella. Las historias relevantes y significativas pueden tocar las fibras de las personas, pero siempre por sectores. Hay historias más relevantes para unos grupos que para otros. Así, si a una madre le hablan acerca de cómo es la crianza de niños y niñas en otras culturas, encontrará en ello información casi por default, relevante y significativa, posiblemente incluso motivo de charlas y diálogos con otras mamás. Por otra parte, si esa información es presentada ante un público de jóvenes, hombres, adolescentes, casi seguramente, el resultado (o los pensamientos emergentes) podrían ser distintos.

Si entre los objetivos principales de la interpretación del patrimonio está fomentar el cuidado del patrimonio, hemos de pensar muy en serio en la importancia de comunicar historias relevantes, que realmente provoquen a la acción. Casa histórica destruida en Morelia (México). Fotografía: A.Jiménez, 2017.

Así, toda vez que tengamos una primera aproximación acerca de una historia que potencialmente se puede desarrollar, lo primero que hemos de rectificar es de quién es la historia y a qué tipo de público le resultaría de interés, contrastando siempre con la gran pregunta: ¿a quién realmente queremos interesar, alcanzar?, pregunta que cobra aún más relevancia cuando contamos con objetivos de comportamiento.

Hablar de fabricación de utensilios para el trabajo, probablemente, es un tema con el que los adultos, mayoritariamente -aunque no exclusivamente- masculinos, se sentirían más familiarizados e interesados. Con lo anterior, reconocemos una suerte de status quo acerca de quién podría ser la audiencia meta, circunstancia que nos ayudaría a rectificar caminos en el caso de que en nuestros objetivos en el plan de interpretación el tipo de público meta fuese otro. 

Como podremos anticipar, el ejercicio de reflexión es solamente el inicio de un proceso. Si reconocemos que una historia es relevante potencialmente para un tipo de público, pero en la realidad tenemos una gama mucho mayor que nos espera (nuestros futuros usuarios reales), es buen momento para diversificar las historias, para brindar una gama más amplia a través de la cual atendamos a un mayor número de tipos de público. Como siempre, todo comienza por una primera observación y reflexión de lo que estamos produciendo, para después encontrar soluciones a potenciales problemas o limitaciones que nosotros mismos estemos, inconscientemente, plasmando en nuestros proyectos. 

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