Para evitar sorpresas, pongámonos de acuerdo

Los proyectos de interpretación se promueven desde muchos lugares, como lo pueden ser los museos, los sitios arqueológicos, empresas de fomento a la apreciación de bienes arqueológicos, entre otros. Evidentemente, en cada caso las motivaciones, las posibilidades y las limitaciones cambian, pero en cada proyecto, en su interior, las personas que en ellos participan también pueden llegar a tener visiones muy distintas.

Suele ocurrir que a la mitad del camino comienza a pesar la divergencia de opiniones, ocasionando fricciones que si bien no en todos los aspectos, cuando menos en los más fundamentales podrían evitarse. 

Por ello, merece mucho la pena detenerse antes de comenzar a trabajar y hacerse entre sí, con el equipo de trabajo y con las instancias que proponen el proyecto, algunas preguntas.

Así, el primer aspecto que se debe tener claro es el propósito del proyecto de divulgación, ya que estos pueden variar y determinar el perfil de su desarrollo. Éste se encuentra generalmente asociado con las metas previstas y guarda coherencia con la misión, la visión, los valores y el significado de los lugares. El grupo de trabajo responsable de la divulgación ha de plasmar en el documento de planeación para qué quiere que la sociedad o el público no especializado se enteren de lo que se publicará a través de cedularios, revistas, guías, audioguías y todos los medios de comunicación que se vayan a presentar. Los motivos pueden variar e incluso pueden ser contradictorios en la mente de los diversos actores y es por ello que resulta muy importante no obviar este aspecto, poner el tema sobre la mesa, discutirlo y documentar las opiniones para lograr acuerdos y consensos. Cuando no están claros los propósitos se corre el riesgo de que la exposición de contenidos responda sólo a cuestiones inmediatas, como la justificación del uso de un presupuesto asignado, exposiciones improvisadas que sólo muestran objetos, etcétera.

Los propósitos generales varían de institución a institución, o inclusive se pueden notar importantes diferencias de matices dentro de ellas mismas. Podemos ejemplificar a los intereses que puede tener una exposición temporal en el Colegio de San Ildefonso sobre los mayas con respecto a otra exposición con el mismo objeto de difusión en una empresa turística. La primera puede estar enfocada hacia la exposición de la riqueza patrimonial de México, mientras que la otra puede dirigirse hacia la incitación para ir a conocer el objeto que se promueve. Asimismo, podemos notar diferencias a nivel institucional: Como ejemplo, en el INAH hay proyectos orientados hacia la exposición de resultados de investigaciones, otras que pretenden informar sobre la riqueza patrimonial, o inclusive algunos que tienen el propósito de justificar presupuestos.

Si bien los propósitos de la divulgación pueden variar de acuerdo a condiciones muy concretas de la institución que la lleva a cabo, hay ocasiones en las que se divulga por divulgar, sin un propósito explícito. En otras palabras, sucede frecuentemente que al intérprete se le solicita exponga lo más sobresaliente o lo que considere más importante de algún lugar o conjunto de objetos, sin pedirle alguna orientación en particular en el desarrollo de su discurso. En estos casos, éste puede aprovechar la libertad otorgada y orientar su discurso, siempre de manera consciente, hacia propósitos concretos. 

El propósito involucra otros aspectos sobre los cuales es necesario contar con un consenso antes de iniciar la investigación para la generación de los guiones, mismos que se exponen a continuación. 

El propósito o misión de lugar patrimonial. La experiencia en el reconocimiento de lugares patrimoniales ha dejado claro que los actores implicados no siempre tienen las mismas expectativas con respecto a los recursos protegidos. Es preciso tener claro cuál es la finalidad de la creación del proyecto en determinado lugar patrimonial, plasmarlo en un documento, discutirlo y documentar las opiniones convergentes y divergentes que se generen al respecto. Una misión clara puede otorgarle pertinencia o descartar a muchas de las acciones futuras.

La visión del lugar. ¿Cómo se imaginan los actores sociales implicados en el manejo y la custodia del lugar patrimonial los recursos en el futuro? ¿Qué proyección le dan a sus acciones en un largo plazo, de no menos de 15 años? ¿Qué esperan que la sociedad tenga en mente cuando se refiera a este patrimonio? Las anteriores constituyen tres preguntas más que otorgarán o descartarán la pertinencia de muchas de las acciones futuras. 

El significado del lugar. ¿Por qué es importante un recurso? ¿Qué lo hace especial? ¿Están identificados sus valores desde el punto de vista científico, estético, histórico, religioso o de otro tipo? Si bien un lugar puede tener un conglomerado de valores, así como el significado que los refleja y los integra, es importante que en el documento se encuentren organizados y jerarquizados, dado que constituyen la plataforma principal de la gran mayoría de acciones que se realizan sobre los recursos. Como hemos referido en el capítulo anterior, el significado del sitio o del recurso “consiste en la suma de afirmaciones que capturan la esencia de la importancia de los parques o de los patrimonios naturales o culturales (…) Estas afirmaciones ubican a los parques en una pertinencia patrimonial de orden regional, nacional o internacional” (NPS 1997, p. 20). Cuando éstos no existen de manera antecedente, el proyecto de interpretación puede realizar propuestas en este sentido. 

Las metas del proyecto. Las metas reflejan los consensos anteriormente plasmados y se proyectan a un largo plazo, de 10 a 15 años. Han sido ampliamente abordados en los manuales de planeación para la Interpretación (Harpers Ferry Center 1998, p. 9; NPS 2000, p. 5) y generalmente están vinculados con la protección de la calidad de los recursos y con el impacto social. En proyectos a largo plazo se pueden considerar metas generales y para ello Ham propone cuatro metas para la creación de programas interpretativos en los parques del Sistema de Parques Nacionales: “Mejorar las experiencias del visitante, mejorar las relaciones públicas, proteger el sitio y sus recursos y proteger a los visitantes de imprevistos (…) en la mayoría de los casos el énfasis es presentado en mejorar las experiencias de los visitantes” (Ham 2005, p. 6). Otras metas sugeridas son informar a la comunidad acerca del propósito de la naturaleza y de los parques o incrementar el apoyo que da la comunidad a los programas o minimizar los impactos que pueden llegar a tener los visitantes y/o vecinos sobre determinados recursos (Anzecc 1999, p. 7).

Los objetivos del proyecto.

En la interpretación de patrimonio existe una noción de objetivos compartidos. Algunos de ellos son los de aprendizaje, de conducta, de emociones (de disfrute o empatía) y de promoción; Ham identifica los de aprendizaje, los de entretenimiento y los de la provocación. En todos los casos, los objetivos son el antecedente a la planeación de cualquier elemento comunicativo, desde un pequeño folleto hasta un museo de sitio, y no a la inversa. No es muy recomendable construir un museo para después intentar hacer encajar su pertinencia. 

Referencias:

Extracto de: Jiménez, Antonieta (2016) Compartiendo el Tesoro. Metodología para Divulgar la Arqueología, Colmich: México.

¿De quién es esta historia?

En Interpretación del Patrimonio siempre buscamos atraer a nuestro público con historias que le interesen. Mucho insistimos en procurar que éstas sea personales, o dicho de otra forma, que los haga voltear, que toque las fibras de la gente en su ámbito individual. Pero… ¿Qué historias le interesan a la gente cuando hablamos de patrimonio cultural? 

El patrimonio histórico está lleno de historias que la gente quiere conocer, y que están lejos de limitarse a datos de estilos arquitectónicos y fechas de construcción. Y a tí: ¿Qué te gustaría saber de este lugar? Calle con casas históricas que rematan en la Catedral en la ciudad de Morelia (México). Fotografía: A.Jiménez.

Primero, hemos de tener bien presente que a la gente le encanta saber cosas sobre la vida de otras personas. Así, tendremos que buscar cómo nos puede ayudar el patrimonio a hablar de esa gente que lo vivió, lo hizo o le importó en el pasado. Ello cobra gran relevancia por el simple hecho de que a la gente siempre, por naturaleza, le despierta curiosidad saber cómo viven otros.

Si nos ponemos a pensar en el motivo, en realidad vamos a encontrar un montón. La curiosidad originaria que los seres humanos sentimos por otros humanos podría en realidad ser parte de nuestros propios mecanismos de supervivencia, simplemente porque nos obliga a observar para reaccionar: ¿Qué tal si estos “otros” constituyen una posible herramienta para solucionar alguna necesidad o algún problema?, ¿o si por el contrario, son más bien una amenaza para la estabilidad mía o de la gente que tengo cerca?

Los humanos también queremos conocer a otros para aprender de ellos, y esto, más que demostrado, es parte de lo que traemos en nuestros genes, tal y como ocurre con algunas otras especies de animales. Observamos, experimentamos, aprendemos. 

Podríamos encontrar otra gran motivación en el deseo, siempre presente, de expandir nuestra propia experiencia. Como antesala, sabemos que nuestras posibilidades son muy limitadas: Tenemos una vida y una circunstancia que por más que la queramos complementar con experiencias reales, difícilmente podremos llegar a experimentar tanto como las propias posibilidades que reconocemos. 

Pasando por la calle, es casi inevitable voltear a ver el interior de esta casa moreliana. ¿A quién no le da curiosidad cómo era la vida en este inmueble hace 50 años? Fotografía: A.Jiménez, 2017.

En corto, los humanos siempre queremos experimentar más, y si no se puede en la vida real, cuando menos a través de lo que observamos, leemos, escuchamos o apreciamos por distintos sentidos de lo que viven o vivieron otros miembros de nuestra especie. Si no, ¿qué sentido tendría la literatura, el drama, el cine y tantas otras formas de ver la vida de otros? 

Esa es en realidad la gran importancia de las historias: Son útiles para complementar cuestiones que a los humanos les parecen importantes. Sin embargo, ahí no para la cosa. Como este interés es tan personal, no es de extrañarnos que a unos humanos les parezca más interesante alguna historia por sobre otra. 

¿De qué depende? ¡Uff! de tantas cuestiones vinculadas con la experiencia de vida de cada quién, aunque es evidente que como intérpretes no esperaremos crear mil historias distintas para mil visitantes. Tenemos que planear por sectores o por tipos de público. 

Para ello, partamos de una reflexión: ¿En qué circunstancia a un hombre le interesaría saber aspectos de la vida de otro hombre? ¿Lo mismo acerca de aspectos de la vida de un niño, de una mujer, de un anciano o anciana? ¿Qué aspectos de la vida de estas personas serían más interesantes para este hombre? ¿Qué tal si pensamos en una mujer, o en un adolescente? ¿Qué temáticas atraerían su atención acerca de otras personas, por su género o por su edad? Sin ánimo de ser tan determinantes (porque podemos hacer generalizaciones, mas nunca determinaciones tajantes), pensamos en algunas opciones.

Curiosamente, si realmente nos ponemos a reflexionar sobre posibles respuestas, terminaremos pensando en nuestras propias motivaciones para conocer aspectos de otras personas. A veces el interés es muy práctico, uno que nos ayudaría a encontrar mejores soluciones a los problemas que tenemos en nuestro día a día; en otras nos interesará conocer cómo se organizan las personas en otra sociedad, y siempre nos permitirá espejear para tomar consciencia de cómo nos organizamos nosotros. En el fondo, lo que jalará nuestra atención es tan básico como el confrontar cómo encuentran otros formas de vivir conforme a sus circunstancias, y con ello, consciente o inconscientemente, estaremos buscando y encontrando esas mismas respuestas para entender nuestra propia existencia. 

Por este motivo tan práctico, la satisfacción de una curiosidad sobre algo que de antemano le importa a la gente (¿cómo viven o vivieron otros?), los intérpretes debemos ser conscientes acerca de para quién estamos creando historias relevantes. 

Preguntarnos ¿de quién es esta historia? nos va a permitir reflexionar acerca de “a quién estamos presentando o describiendo”, “qué estamos diciendo sobre cómo vive o vivía esa persona o grupo de personas”, “a quién le podría importar esa historia o narrativa”, y ante todo, “¿por qué habría de importarle esta narrativa a mi público real?”. 

Si observamos, todo es una cuestión de estrategia. Pensar en la relevancia de la historia ya está dirigiendo nuestra mirada a un público meta, quien potencialmente se verá atraído por ella. Las historias relevantes y significativas pueden tocar las fibras de las personas, pero siempre por sectores. Hay historias más relevantes para unos grupos que para otros. Así, si a una madre le hablan acerca de cómo es la crianza de niños y niñas en otras culturas, encontrará en ello información casi por default, relevante y significativa, posiblemente incluso motivo de charlas y diálogos con otras mamás. Por otra parte, si esa información es presentada ante un público de jóvenes, hombres, adolescentes, casi seguramente, el resultado (o los pensamientos emergentes) podrían ser distintos.

Si entre los objetivos principales de la interpretación del patrimonio está fomentar el cuidado del patrimonio, hemos de pensar muy en serio en la importancia de comunicar historias relevantes, que realmente provoquen a la acción. Casa histórica destruida en Morelia (México). Fotografía: A.Jiménez, 2017.

Así, toda vez que tengamos una primera aproximación acerca de una historia que potencialmente se puede desarrollar, lo primero que hemos de rectificar es de quién es la historia y a qué tipo de público le resultaría de interés, contrastando siempre con la gran pregunta: ¿a quién realmente queremos interesar, alcanzar?, pregunta que cobra aún más relevancia cuando contamos con objetivos de comportamiento.

Hablar de fabricación de utensilios para el trabajo, probablemente, es un tema con el que los adultos, mayoritariamente -aunque no exclusivamente- masculinos, se sentirían más familiarizados e interesados. Con lo anterior, reconocemos una suerte de status quo acerca de quién podría ser la audiencia meta, circunstancia que nos ayudaría a rectificar caminos en el caso de que en nuestros objetivos en el plan de interpretación el tipo de público meta fuese otro. 

Como podremos anticipar, el ejercicio de reflexión es solamente el inicio de un proceso. Si reconocemos que una historia es relevante potencialmente para un tipo de público, pero en la realidad tenemos una gama mucho mayor que nos espera (nuestros futuros usuarios reales), es buen momento para diversificar las historias, para brindar una gama más amplia a través de la cual atendamos a un mayor número de tipos de público. Como siempre, todo comienza por una primera observación y reflexión de lo que estamos produciendo, para después encontrar soluciones a potenciales problemas o limitaciones que nosotros mismos estemos, inconscientemente, plasmando en nuestros proyectos.