La misión: Que a la gente le importe

Existen dos palabras que se repiten constantemente en el oficio de la interpretación del patrimonio, y están asociadas a uno de nuestros grandes propósitos: lograr que la gente se preocupe y se ocupe por aquello que nosotros encontramos importante. En ocasiones se trata de la conservación de un tipo de patrimonio, en otras del fomento de acciones concretas. 

Sala del Museo del Oriente de Asturias, España. Foto: A.Jiménez, 2018.

Con estas palabras en la práctica, nuestros visitantes a lugares patrimoniales pueden llegar a conectarse con lugares y temáticas de una manera muy personal. En el mejor de los casos, incluso, una vez que han consumido nuestros productos de interpretación pueden llegar a tomar decisiones en su vida cotidiana que a nosotros nos harán sonreir. 

Las palabras mágicas no son otras más que la relevancia y la significatividad. Mucho han aparecido estas palabras, incluso, en mis propios escritos. Por ello, creo que es fundamental reflexionar qué son y qué las hace diferentes, sobre todo porque a veces pareciera que se confunden o que parecen referir a lo mismo, cuando no es así. 

Regresemos una vez más a nuestro autor de cabecera, en un libro que en pocos años ya se ha posicionado como otro más de los clásicos de la interpretación. En su Interpretation. Making a Difference on Purpose, Sam Ham dedica todo un apartado a las estrategias que permiten que nuestros discursos se llenen de lo que él llama “Vitamina R”. A esto ya he aludido en publicaciones anteriores, pero ahora lo retomo con el fin de separarla de lo que hemos de entender no como su igual, sino como su perfecto complemento.

La Vitamina R, de Relevancia, aparece en el componente número 3 del model “TORE” de Ham, cuando afirma: “la interpretación de calidad debe ser “T” temática, “O” organizada, “R” relevante y “E” amena (por la palabra enjoyable del Inglés). 

Para entender a la relevancia, hemos de pensar en que todo conocimiento nuevo se construye a partir de un conjunto de conocimientos precedentes. Así,  el propósito de la relevancia en la interpretación es simple, y te da una sola instrucción: Conecta. Conecta con lo que tu público ya conoce, con lo que ya sabe, ya vive. Conecta con algo que le es familiar y sobre lo cual puede bordar nuevos contenidos. Conecta con su propia plataforma preexistente. 

Para lograrlo hay varias vías, y probablemente a la que nos lleva nuestro sentido común es a conocer a quién nos estamos dirigiendo tanto en términos de tipo de público específico, pero sobre todo, como humanidad.

La relevancia en la práctica: Los visitantes se conectan con el “queso” que se produce en Asturias, saben lo que es, y la mayoría de ellos, a qué sabe. Foto: A.Jiménez. Museo del Oriente de Asturias, 2018.

Una propuesta ya muy conocida es recurrir a los conceptos universales, que Ham define como “conexiones intangibles o simbólicas con cuestiones que, hasta donde sabemos, siempre han sido importantes para los seres humanos”. Entre ellas están todos los que atañen a la experiencia humana y a la percepción que los humanos tenemos sobre la vida. Aquí, Ham recupera una lista larga de conceptos universales, a manera de ejemplos, entre los que aparece la vida, el amor, la fuerza, la empatía, entre muchas otras. Yo misma he propuesto, en otros espacios más de corte académico, que estos conceptos universales pueden rastrearse también a través del reconocimiento de las necesidades humanas (todos los seres humanos entendemos lo que es necesitar comer, tener techo, socializar, tener afecto), y para ello una guía maravillosa la encontramos en la tan conocida Pirámide de Maslow sobre jerarquías de las necesidades humanas. 

La relevancia, entonces, nos permite conectar. Aquí llegamos hasta el nivel de “comprender”, y nuestro público estará ya satisfecho por este primer esfuerzo que habremos hecho. En sus primeras definiciones, pienso que la interpretación del patrimonio buscaba básicamente esto: que la gente conociera un contenido que habría sido “traducido” para él o ella, sobre el cual se había hecho un esfuerzo de correlación de información con algo que el público podía entender. 

El gran complemento viene a continuación, y es el que se ha desarrollado ya de una forma más específica después. Entender algo no significa que te importa, y es por ello que a la relevancia hay que añadir significatividad, que refiere a que algo ya está en tu área de atención. Así, puede haber algo relevante en términos de que lo puedes conectar, pero eso no significa necesariamente que mueve tus emociones, tus aspiraciones o tus deseos de algo. 

“Esta historia ocurrió aquí”. Aunque no lo dice, es la moraleja del museo etnográfico del Oriente de Austurias. Se trata de historias recuperadas por la gente local acerca de la vida cotidiana de hace décadas. Aquí la cualidad “interesante”, el permitir asomarnos a la vida de otros, lo hace significativo. Foto: A.Jiménez, 2018.

Para llegar a que algo sea significativo, entonces, primero debemos asegurarnos de que sea relevante, pero hemos de agregar un componente. En principio, hemos de recurrir a la información que tenemos sobre nuestro público, porque aquí es donde podremos conectar no solamente conceptos, sino intereses. 

Añadir significancia es aspirar a que la gente se emocione por lo que está aprendiendo, a que nuestro público vincule información con inspiración. Lo primero que hemos de hacer es preguntarnos a nosotros mismos, y por supuesto a nuestro público meta: ¿Por qué habría de importarle esto a este grupo de gente? ¿Qué puede hacer que le sea personalmente inspirador?

Lo que la gente quiere y desea es el motor, y en realidad hay muchas opciones también, que encontraremos a veces más o a veces menos en alguno u otro tipo de público: A veces la gente simplemente disfruta del conocimiento por puro placer; en otras lo que se ofrece es inspiracional para vivir de una forma mejor (procurar el ambiente o la solidaridad con otras personas, por ejemplo), entre una gama de opciones bastante grande.

Resulta interesante pensar en motivos por los cuales a nuestro público habría de importarles nuestro tema. De ahí, por fortuna, habrá de salir nuestra iniciativa por conocerlo mejor y por elaborar estrategias más personalizadas para lograrlo. 

Así, la próxima vez que leas la tan sonada frase, “en interpretación del patrimonio se procura presentar información relevante y significativa”, puedes pensar en dos cosas simplemente: Que lo que buscamos los intérpretes es que la gente entienda lo que le decimos, y que le motive, o le importe. 

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