Una tonelada de juguetes (Segunda Parte)

¿A quién le interesa saber algo sobre juguetes? Los niños los disfrutan, porque los usan. Entre ellos pueden encontrar algunos más relevantes que otros, dependiendo de sus intereses, su edad, su género… En complemento, los adultos los aprovechan, siempre, para fortalecer los vínculos con los niños y para ayudarlos a proyectar su futuro.

Maqueta sobre Egipto antiguo. Exposición “Juego a mi historia. Playmo Culturas”.
Museo de Historia Mexicana, Monterrey (México). Fotografía: A.Jiménez 2019.

Los juguetes infantiles son algo sumamente relevante e importante para los adultos. En la publicación anterior, ya algo se hablaba acerca de que estos objetos pueden ayudarnos a conocer aspectos muy interesantes sobre forma como cada sociedad percibe a su niñez.

Muy en sintonía con este tema, en la ciudad de Monterrey (México), el Museo de Historia Mexicana encontré una exposición temporal realizada con la participación de la Asociación Mexicana de Coleccionistas de Play, A.C. (AMEXPLAY), integrada por más de treinta coleccionistas nacionales.

Los juguetes de PlayMobil son miniaturas que -apoyándome en wikipedia-, remito: “…disponen de multitud de accesorios, vehículos, edificios, plantas y animales en su misma escala que permiten crear una gran cantidad de escenarios y situaciones”.

Felizmente, encontré en algún lugar inicial de la exhibición un texto, que aunque probablemente criticaríamos por el contenido un tanto especializado, refleja mucho de lo que hemos expresado en la publicación anterior:

Imagen oficial de la exposición temporal “Juego a mi Historia”, organizada por Amexplay. Cortesía: www.posta.com.mx

“Los juguetes son expresiones culturales y tienen funciones muy importantes, entre ellas, la adquisición de conocimiento y el proceso de enseñanza-aprendizaje. Pueden volverse parte de la identidad de los pueblos. Se transforman en tradiciones y por tanto, permanecen en la memoria de generaciones. Al tiempo que el mundo cambia, las formas de jugar se van transformando y los juguetes también”.

La experiencia de visita se hizo relevante, en principio, para dos sectores de visitantes: Padres e hijos. Esto fue fácilmente comprobable, porque encontré papás que compartían con emoción memorias de aquellos días en los cuales aquellos juguetes eran parte de su cotidianeidad. El objeto se convirtió en un elemento de nostalgia, conjugado con la posibilidad de presentar un contenido nuevo.

A través de la creación de maquetas construidas con objetos de PlayMobil, se reprodujeron escenas de culturas antiguas en el mundo. Curiosamente, el objetivo de aprendizaje en el público infantil se desdobló, porque apareció en escena la posibilidad de aprender aspectos generales de arqueología mundial. 

Para los niños, un despliegue de información generó oportunidades de aprendizaje en materia de Egipto, Grecia, la época medieval y otras más. La provocación a ciertos momentos de interactividad, así como la presentación de cédulas móviles con un lenguaje y actividades dirigidas a niños fortaleció la relevancia hacia los infantes. 

Maqueta sobre guerra, navegación, comercio y gobierno en la antigua Grecia. Exposición “Juego a mi historia”, Museo de Historia Mexicana, Monterrey (México). Fotografía: A.Jiménez, 2019.

En materia del tema, noté en los contenidos un enfoque hacia temáticas de interés masculino, como si implícitamente se llamara la atención particularmente a papás más que a mamás, ante la presentación de escenografías de guerra, combate y aspectos imperiales con cuestiones sobre poder. Lo anterior no es algo negativo, siempre y cuando se haga de manera consciente, y hacia allá va el resto de mi comentario.

El uso de objetos para vincular a gente con gente encuentra entre los primeros retos el encontrar para quién puede ser relevante, tanto el objeto, como la historia que éste tiene para contar. En otras palabras, una de las cuestiones que debemos tener claro los intérpretes al momento de desarrollar nuestros discursos son dos preguntas: ¿De quién es la historia? y ¿Para quién es?

En la primera pregunta, aludiendo como uno al ejemplo de Grecia, tendríamos claro que es una historia de hombres adultos que van a la guerra, que comercian y que gobiernan. La maqueta es clara en ese aspecto, y su cédula perfectamente complementaria, ya que dice: “Los antiguos griegos vivían en comunidades dedicadas a la naveación, a la guerra y al comercio de vino, aceite, cerámica y arte, que intercambiaban a otros pueblos por maderas, muebles y mármol…”

En este sentido, podríamos analizar el resto de las maquetas, que valga decir, van más o menos en esta sintonía. El reto para los intérpretes entonces, es reconocer si el objeto y el discurso son correspondientes al interés de una audiencia en particular a quien se está convocando. 

Si la intención del curador fue atender prioritariamente a padres e hijos pequeños, entonces podríamos aludir a un éxito importante en este sentido. Sin embargo, siempre existe un canal para incorporar a otros tipos de audiencia. ¿Qué historias se podrían contar, con estos mismos juguetes, y que narraran historias pertinentes o interesantes para otros sectores de la población? ¿Por ejemplo a adultos mayores, a mujeres, o incluso a personas con alguna discapacidad?

Con este ejemplo, podemos reconocer que los objetos pueden desprender distintos motivos de relevancia, entretejidos con una diversidad de historias. Lo que puedo decir, es que casi por sentido común, un intérprete debe buscar atraer a públicos reales atendiendo a sus intereses, y hacer consciente quién son los discursos puede ser el inicio para la elaboración de una estrategia más incluyente. 

Para el caso de los niños, reconocemos que prácticamente siempre llegarán acompañados de adultos, sean profesores de sus escuelas o miembros de su familia -predominantemente-. Si consideramos a este otro sector, el de las familias en su diversidad, podremos imaginar que también hay posibilidades de atraer su atención en términos del discurso que emitimos.

Evidentemente, lo que presento es solo una apreciación que podría ser injusta ante otros posibles complementos de información a los que en el preciso momento de mi visita no tuve acceso. Por ejemplo, desconozco el enfoque que tendría una visita guiada y la forma en que posiblemente ésta complementaría lo dicho. Ante todo, un buen estudio de público haría realmente el trabajo profesional en este sentido, aunque no por ello me pierdo de la oportunidad de emitir esta breve interpretación de lo observado.

De esta manera, el tema de la inclusión cobra relevancia no solamente en términos de accesibilidad física, sino también temática, fomentando muy probablemente mayores posibilidades de mejorar la experiencia de visita de una mayor cantidad de visitantes.  

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