¿Qué Plan tienes?

Ok: Te han pedido que montes una exposición, o que renueves un cedulario, o que hagas un vídeo interpretativo sobre un lugar o un tema determinado (o lo que sea). Ahora, necesitas un plan. 

Národní Muzeum. Praga. Fotografía: Patricia Mancilla 2019.

Lo que reconocemos es que en la práctica se suelen seguir distintos caminos para lograr los productos finales y que, de atenderlos, pueden hacernos caminar sobre dos caminos opuestos: 

En el primero tenemos a una feliz y cautivada audiencia, divertida e inspirada por los mensajes que hemos creado cuidadosamente; y otra en la cual pasamos lista de un montón de gente que, así como entra, se va, sin un cambio significativo en su forma de entender lo que se ha presentado. 

En gran medida, el éxito o el fracaso de un proyecto se puede deber a una buena o a una mala planeación, y aunque parezca increíble, hay mucha gente a quien le resulta innecesario planear. En lo personal, he llegado a pensar que uno de los motivos de que ello ocurra es fundamentalmente cultural, ante un sentimiento de incredibilidad de que los esfuerzos de planeación terminan por ser tiempo y recursos perdidos. 

En parte, quien piensa de esta forma tiene razón. “El futuro tiene otros planes”, dicta el libro de Jon Kohl y Stephen McCool, quienes analizan por qué los planes generalmente no funcionan, o no llegan a buen término, en los proyectos vinculados con el manejo de patrimonio cultural y natural.

Lo cierto es que los planes muchísimas veces terminan siendo documentos archivados y poco funcionales, justo porque son pobremente realistas ante una de las causas que con más frecuencia ocurren: No consideran la versatilidad y la capacidad de adaptación ante la forma en que las personas trabajamos y tomamos decisiones en la vida real, durante el transcurso de los proyectos. 

Todas las experiencias, aún de actividades pequeñas, implican una planeación y una coherencia con el resto de su programa.
Vestuario celta. Národní Muzeum. Praga. Fotografía: Patricia Mancilla 2019.

Si los consideramos, otra historia podremos contar. No con ello diremos que hay plan infalible, pero sí podremos tener pistas para entender por qué parques temáticos como Disney y ciertos museos que ofertan experiencias distints ofrecen experiencias tan perfectamente planificadas, que hacen que sus usuarios terminen sonriendo y aplaudiendo el haber tomado la decisión de asistir.

Al igual que en estas experiencias, la planeación en la interpretación del patrimonio atiende a los fundamentos de la planeación estratégica en lo general: Se soporta por una misión y una visión institucional o del grupo que la promueve; cuenta con metas generales, con objetivos específicos, con un plan de operativización, con estrategia de monitoreo – evaluación, y con procesos de adaptación a las circunstancias que se presentan “en la vida real”. 

Aunado a ello, cuenta con varias especificidades, que nos permiten aterrizar las tareas en el plano de la divulgación significativa. En el proceso, se parte desde lo más general, que puede ser la mismísima razón de ser del objeto o la colección de objetos que se están divulgando. 

Si habláramos, por ejemplo, de un grupo de objetos arqueológicos en México, sabríamos que hay detrás una serie de criterios que no debemos (ahora sí que por Ley), desatender. El primero es que nuestro patrimonio está salvaguardado por motivos de interés nacional, y que la razón de ser de esta salvaguarda es de carácter educativo. 

¿Educativo en qué sentido? En el que dicta el hecho de que son muestras representativas de la diversidad cultural del México Antiguo. De ahí no nos podremos mover mucho, y eso es algo que no debemos ignorar. A eso nos referimos con el hecho de que debemos cuidar la plataforma sobre la cual realizamos cualquier proyecto de divulgación.

De ahí nos movemos progresivamente al propósito de la divulgación de ese proyecto en particular ¿Para qué queremos divulgar este patrimonio? Curiosamente, la respuesta a esta pregunta pocas veces se toma en serio, pero debería ser objeto de acuerdos y consensos bien reflexionados, que pueden tener resultados mucho más poderosos en el producto final. 

Lo anterior se hace importante cuando reconocemos que de las palabras que utilicemos para responder a esa pregunta, estaremos visualizando, mágicamente, prácticamente todo el proyecto: 

Estas respuestas nos hablan, a veces implícitamente cuando no explícitamente, del perfil de nuestro usuario, y nos ayudan a crear posibilidades de experiencias que le pueden resultar más significativas para el logro de nuestros propósitos. 

Atención a grupos con discapacidades visuales en el marco de la planeación global del museo. Národní Muzeum. Praga. Fotografía: Patricia Mancilla 2019.

Los dos componentes que he señalado: Las instituciones o grupos de personas que soportan los proyectos; y los usuarios finales, son verdaderamente el eje, el corazón de nuestras propuestas. Mientras desarrollamos los proyectos, estamos volteando a ver a uno y al otro, y fungimos como una suerte de conciliadores de intereses y de perspectivas. 

Luego vienen las metas y los objetivos. Las primeras, sabemos por la amplia bibliografía sobre planeación estratégica, son generales, se logran en un tiempo no determinado, y sus resultados todavía no se pueden medir. Son líneas generales, que nos dicen hacia dónde queremos caminar.

Los objetivos son su opuesto. Son específicas, se logran en un tiempo determinado, desprenden indicadores y estándares que permiten su evaluación y su monitoreo, y desprenden toda la estrategia de operativización, con todas sus especificidades. 

Cuando tenemos objetivos bien planteados, tenemos la antesala de una excelente y detallada planeación de tiempos, costos y resultados concretos esperados.

Lo interesante en el ámbito de la interpretación es el tipo de objetivos que podemos plantear. Sam Ham insiste en que el principal objetivo general de cualquier plan de interpretación es “provocar los pensamientos de las personas”, que yo interpreto como una intención de hacerlos dialogar intelectualmente con lo que están presenciando.

Lo dicho es una suerte de autopista con distintos carriles. En uno hay objetivos de aprendizaje, en otro objetivos emotivos, y en otro objetivos de acción (de un cambio de actitud sobre algo, por ejemplo). 

El usuario se sube a nuestra veloz autopista y va cambiando de un carril a otro. Cuando llega a la “META”, que no es otra cosa que una caseta de peaje, tenemos una última oportunidad para preguntarle cómo le pareció el viaje. A través de nuestro esquema de evaluación (que contará con los mencionados indicadores y estándares), podremos saber si fuimos exitosos en nuestra planeación, o si debemos hacer reparaciones para los siguientes usuarios. 

Algunos manuales y documentos para la planeación de la interpretación: 

ANZECC Australian and New Zealand Environment and Conservation Council (1999) Best Practice in Park Interpretation and Education. A Report to the ANZECC Working Group on National Park and Protected Area Management. Department of Natural Resources and Environment, Victoria, in conjunction with Parks Victoria. Disponible en línea: https://www.environment.gov.au/resource/best-practice-park-interpretation-and-education-dnre-1999, consultado la última vez el 15 de julio de 2019.

Fiona Colquhoun (2005) Interpretation Handbook and Standard. Distilling the essence. Department of Conservation. Te Papa Atawhai. Wellington, New Zealand. ISBN 0-478-22572-5.  Disponible en línea:https://www.doc.govt.nz/globalassets/documents/about-doc/role/policies-and-plans/interpretation-handbook-complete.pdf. Última consulta: 15 de julio de 2019.

Ham, Sam H; Anna Housego; Betty Weiler (2005) Tasmanian Thematic Interpretation Planning Manual. Tourism Tasmania. Disponible en línea: http://www.tourismtasmania.com.au/tasind/thematic/thematic.htm

Harpers Ferry Center (1998) Planning for Interpretation and Visitor Experience. Prepared for the Division of Interpretive Planning. Harpers Ferry Center. Harpers Ferry, West Virginia. USA. Disponible en línea:https://www.nps.gov/subjects/hfc/upload/interp-visitor-exper.pdf. Última consulta: 15 de julio de 2019.

National Park Service (1997) VERP. The Visitor Experience and Resource Protection (VERP) Framework. A Handbook for Planners and Managers. Disponible en línea: http://www.georgewright.org/123manning.pdf. Última consulta: 15 de julio de 2019.

—— (2000) Comprehensive Interpretive Planning. Interpretation and Education Guideline. Department of the Interior. National Park Service. USA. Disponible en línea: https://www.nps.gov/subjects/hfc/upload/cip-guideline.pdf. Última consulta: 15 de julio de 2019. 

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