Lo encontraron muerto, 1500 años después

Y aquí debajo, puedo comenzar a hablarte de muchísimas cosas relacionadas con este hombre: La razón de su muerte, el papel que tenía en su sociedad, su origen, el entorno natural donde vivía… Lo cierto es que el título lo es todo. Puedo aventurarme a pensar que el título atrajo tu curiosidad, porque contiene algunos ingredientes difíciles de resistir.

Otro de los entierros humanos descubiertos. Foto INAH
Entierro teotihuacano localizado en Tula en investigaciones del INAH, 2014.

Los títulos, al igual que otras cuestiones dirigidas al público en general, no se hacen atractivos por una cuestión de suerte. Siempre hay detrás, más bien, una cuestión de diseño y de atención a la incorporación de elementos de forma y de fondo.

Mucho se ha escrito sobre ello, sobre todo en materia de interpretación (por no decir en todo lo que tiene que ver con mercadeo). De ello, algunas lecciones saltan a la vista, mismas que en ciertos casos nos pueden ayudar a hacer nuestros programas interpretativos mucho más poderosos. A manera de ejercicio, revisemos un poco los ingredientes del título que nos tiene hoy aquí:

Encierra una historia. O tal vez dos. “Lo encontraron muerto” significa que hay una historia detrás, misma que además tuvo un final claramente dramático. Es una historia que, se anticipa o se espera, probablemente nos la presentarán. La segunda historia es la del momento del descubrimiento en el presente, tras el paso del tiempo. En ella se hace presente la sensación del silencio del tiempo y una posibilidad de saber si el tiempo hizo o no justicia a esa historia del pasado.

Anticipa un misterio a resolver, o resuelto, no lo sabemos. Con ello, provoca al lector a querer seguir leyendo. 

Habla de la muerte, que es un tema muy sensible para los seres humanos. Este tema hace prácticamente de cualquier idea más fácil de seguir, porque todos la reconocemos. Ciertamente, la muerte no es algo que deba estar presente en todos nuestros discursos, pero cuando se puede aprovechar, hay que hacerlo. En otros contextos, a decir verdad, hay más recursos, como lo es la referencia a los valores que compartimos los seres humanos. Existe una enorme diversidad de conceptos que no solamente todos entendemos porque los hemos experimentado, sino que nos han sido relevantes para construir nuestras identidades particulares.

Es corto. Se puede leer de una sola vista. 6 palabras es un número óptimo. Si lo presentara al tope de un panel, cuidando el tamaño de letra, la jerarquía del texto y un diseño gráfico adecuado, podría ser “consumido” en 3 segundos. Tiempo suficiente para que la gente lo vea, incluso, sin necesidad de detener el paso. 

Alan Leftridge, autor de Interpretive Writing dedica una buena sección al cuidado en la redacción del título. Hay que detenerse, francamente, antes de publicar la versión final. Una historia contada en menos de 12 palabras, dice Leftridge, puede llegar a presentar la totalidad de una presentación, y si se hace de manera creativa, puede ayudarnos a cautivar a nuestro público. El título es cosa seria. De él depende el inicio del éxito.

En otros textos de interpretación, más bien vinculados con la evaluación de programas interpretativos, se habla del “poder de atracción” y el “poder de retención”. El poder de atracción hacia un panel o cédula, por ejemplo, se mide al verificar el porcentaje de personas que se ven atraídas hacia nuestro objeto.

Para hacerlo más sencillo, pensemos en el número de personas que voltean a ver un anuncio. ¿Son 6 de cada 10? ¿0 de cada 10? ¿10 de cada 10?. Evidentemente aquí hay otras cuestiones a resolver. Una de ellas es: ¿Quién es mi público meta? Porque sería injusto, en este contexto, decir que fueron 2 de cada 10 cuando a quienes estaba dirigido mi mensaje eran adultos y pasaron 8 niños. Entonces, tendríamos que esperar a que pasaran 10 adultos para poder hacer nuestro cálculo. Así, diríamos, de cada 10 adultos, 8 se vieron atraídos.

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En el caso de los paneles, para conocer el poder de atención, podríamos constatar si la gente: 1) Voltea a ver nuestro panel; 2) Dirige su mirada hacia el título; y 3) Dedica más de 3 segundos -en el caso de nuestro título-, observándolo. El poder de retención obedecería más o menos a la misma dinámica. Habríamos de medir el número de segundos promedio necesarios para consumir todo el panel.

En él, evidentemente tendríamos que considerar todos los objetos que fueron puestos en él: Mapas, fotografías, detalles: Todo cuenta. Es así porque todo consume tiempo. Entonces, veríamos… En un mundo ideal, cuánto tiempo se necesita para que un usuario lea, vea y haga todo lo que le pedimos en este panel. ¿Es un minuto? ¿Tal vez dos? El tiempo es una forma de verificación. Aunque evidentemente el consumo total en el tiempo no garantiza el éxito de la comunicación. Son cuestiones aparte, aunque ciertamente relacionadas. 

Para llegar al punto del éxito en la comunicación tendríamos que incluir otras variables y otros mecanismos complementarios de evaluación. Ahí sí, todo depende del propósito del discurso, que típicamente está manifiesto en la planeación general o en el documento propiamente denominado “Plan de Interpretación”. 

Ciertamente es otro tema, que ya revisaremos más adelante. Por ahora, baste con mencionar que el indicador “tiempo de consumo” es uno que nos puede orientar acerca del poder de atención de el objeto de interpretación que hemos creado. 

Regresemos al título. ¿Qué otros ingredientes son importantes de considerar? A lo dicho, yo pensaría en agregar dos. Probablemente el que nunca debemos dejar de escapar es el que conecta de manera sutil y también explícita 3 elementos: 1) Nuestro mensaje; 2) El tipo de público al que queremos llegar; 3) El objetivo del discurso -si es informativo, proactivo o emotivo-. 

El segundo es el complemento más importante: ¿Con qué imagen podemos reforzar lo que decimos? ¿Qué diseño gráfico, selección de colores, distribución, e incluso ubicación de nuestro panel o recurso interpretativo harán que la gente entienda en el acto a dónde queremos llegar?

Aquí, encontramos a uno de los ejemplos más populares en la bibliografía de Sam Ham, en donde presenta a un oso polar con un título que dice “Good Bye?”. Con él, se viene a la mente la intención, el contexto y la esperanza. Sutil, explícito, claro, fuerte y contundente. Deja un misterio, tiene una historia, es corto, habla de la muerte… 

A mi juicio, estos ingredientes son fundamentales. Nos pueden ayudar a tener discursos mucho más poderosos, que abrirán su camino hacia la gente, nuestro público, comenzando por una sola mirada. 

Referencias:

Fotografía de cabecera: INAH (2014) “Registran asentamiento teotihuacano”, en: https://inah.gob.mx/boletines/1988-registran-asentamiento-teotihuacano.

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