Interpretando con frío, con calor, con lluvia y con cielo azul

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Monasterio de El Paular, en España, en invierno: Una oportunidad para hablar del aislamiento de los monjes cartujos.

Preparar un discurso de divulgación sobre un lugar habilitado para la visita pública casi siempre dirige la atención hacia los mensajes estandarizados acerca de su importancia, su valor y su significado. En cuantiosas ocasiones, estos discursos no cambian, incluso a lo largo del tiempo, no se diga en el paso de un solo año. ¡Qué oportunidades estamos dejando ir al no aprovechar los cambios que ocurren cuando cambia el clima en los lugares!

No se puede conocer a una sociedad si no se observa o se vive con ella durante un año entero, se dice en antropología. Por ello, este tipo de especialistas pasan temporadas de campo que van cubriendo, poco a poco, lo que ocurre en distintas temporalidades del año. Por lo general, encontramos grandes contrastes en lo que la gente hace cuando hace mucho frío, a diferencia de cuando hace mucho calor; y lo mismo cuando hay agua en abundancia o escasez.

Parece obvio pensar en ello cuando nos imaginamos a nuestra propia cultura en estas circunstancias tan cambiantes, y si es así: ¿Entonces por qué no aprovechar los cambios climáticos para ayudar a nuestros visitantes a tener experiencias más íntimas en los lugares, aprovechando las condiciones que ellos mismos están experimentando y que fueron las que vivieron las personas en el pasado?

Contrastes: El Paular en otoño. Fotografía: A. Jiménez, 2005.

Cuando acompañamos a visitantes a experimentar festividades vivas parece no haber tanto conflicto. Es fácil decir “bien, llegaste en esta época, podrás ver ésto o aquello”, y no falta quien remite a algo de tipo “qué pena que no viniste en tal época, habrías podido conocer tal otra cuestión”.

Sin embargo, cuando nos vamos refiriendo a lugares que hablan más bien del pasado, parece olvidársenos esta enorme cualidad de cambio natural y de la adaptación que hacen las personas al mismo. Cuando hacemos programas de divulgación, los preparamos estandarizados, para poder ser utilizados de manera idéntica en cualquier momento.

Sin lugar a dudas, el clima es algo que podemos aprovechar enormemente. Son datos que están en la experiencia del visitante, justo en ese momento, y que son súper poderosos simplemente porque los está viviendo. ¡Hace calor! ¡Me congelo! Bien: Aprovecha para hablar de cómo se refugia la gente del clima extremo, de la flora y de la fauna disponible para comer, de los usos y costumbres, de religión, de tradiciones asociadas con esta estación.

Por fortuna, este recurso ambiental no ha sido del todo ignorado en los programas de interpretación. Recuerdo una experiencia excelente en este sentido. El Beamish Museum: Un famoso museo al aire libre que cuenta cómo fue la vida cotidiana del Noreste de Inglaterra durante el siglo XIX y principios del XX.

Se trata de un museo que te ofrece “interpretación viva”, ésa en la cual hay intérpretes que se caracterizan como gente del pasado y que te explican cómo viven, para hacerte tener una experiencia de viaje en el tiempo. El lugar tiene una larga historia, de ya cerca de 50 años, que ha construido en escala real (1 a 1), un poblado entero. En la tienda, puedes encontrar productos de la estación, que por supuesto van cambiando conforme va avanzando el año.

Beamish Museum, en el Reino Unido, diversifica la experiencia de los visitantes dependiendo de la época del año que se viva. Imagen tomada del sitio oficial del museo.

El clima es un tema de enorme relevancia, y es algo que no debemos dejar escapar. Hace tiempo, recuerdo igualmente haber visitado El Paular, un monasterio español (llamado cartuja), que caracterizó a sus habitantes por vivir en el aislamiento. Esto ocurría como parte de sus principios: El retiro espiritual y físico es algo sustancial en esta orden religiosa.

En mi estancia de varios meses en Madrid y gracias a que estuve realizando una investigación sobre esa cartuja, pude visitarla en distintas épocas del año, comenzando por la primavera. El cambio en el aspecto del lugar en otoño fue fundamentalmente apreciado por lo estético. Pero… cuando llegó el invierno y las nevadas cubrieron el lugar y sus alrededores, se asomó un conjunto enorme de datos que había estado revisando acerca del retiro y el aislamiento de los monjes cartujos. Entre ellos, el hecho de que en invierno ese lugar es absolutamente impenetrable. Sobra decir que tampoco puedes salir y que el aislamiento físico se hace inquebrantable. Evidentemente el día de hoy lo puedes hacer gracias a las formas que hay para retirar la nieve de las carreteras.

En arqueología ésto se hace aún más evidente. En la antigua Mesoamérica, por ejemplo, ¿qué mejor momento para hablar de los dioses de las lluvias y de las tormentas (generalmente el dios principal para todas las sociedades meosamericanas), que bajo un torrente de lluvias? ¿Qué tal referir a la importancia del maíz para esas culturas señalando la época del año en la cual las mazorcas están crecidas, casi al final de la época de lluvias?

La cultura y el clima son dos entes bien asociados. Todas las sociedades preindustriales, ciertamente, armonizaron con su entorno y se adaptaron a las condiciones que el ambiente les brindó.

Para los visitantes, el clima es una oportunidad para hacer la interpretación altamente personalizada, porque está asociada con sensaciones físicas que la gente del presente, los visitantes, tienen en el momento en el cual puedes entregarle información. De esta manera, lo sabemos, podemos aumentar las posibilidades de que lo que se aprenda sea absolutamente más relevante.


Créditos de imagen

Imagen de El Paular en invierno tomada de http://monasteriopaular.com/historiacartuja2.html. Marzo de 2019.

Imagen de Beamish Museum tomada de su sitio oficial http://www.beamish.org.uk/. Marzo de 2019.

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