La historia es la esencia

Historias para contar, hay muchas. De entre ellas, probablemente las más impresionantes siempre serán las que nos recuerden el efímero tiempo que ocurre entre la vida y la muerte.

Una mujer teje a la vista de curiosos turistas, tras haberlos invitado a reconocer que en estos textiles están impregnadas partes fundamentales de la historia de vida de ella y de su sociedad. Foto: A.Jiménez, con el permiso de la artesana.

“Tejiendo la vida”, fue el nombre que un equipo de intérpretes eligió para dar a una exhibición permanente que se encuentra en el Centro de Textiles Tradicionales de Cusco, en Perú. Probablemente con un título que podría ser mejorado, aunque, muy a su favor, con un desarrollo desarrollo discursivo que nos invita a conocer de una forma muy creativa el ciclo de la vida de la gente que vive estos objetos de una manera absolutamente íntima.

Los textiles tradicionales de Cusco son altamente apreciados por sus cualidades estéticas. Son, ciertamente, objeto de atención de turistas, quienes suelen maravillarse al identificarlos como ropa de uso cotidiano entre muchas personas habitantes de este lugar, al referirlos como iconos de la vida tradicional de la gente de la localidad. Por ello, también figuran entre los objetos que la gente suele llevarse a casa a manera de souvenirs.

Por otra parte, sabemos que, al igual que como pasa en muchos otros lugares de afluencia turística importante, los artesanos locales buscan un beneficio económico por el trabajo que realizan, aunque en la gran mayoría de las ocasiones, “el de afuera”, el turista, toma una decisión en función de una relación entre estética y precio, sin considerar los aspectos profundos de la cultura que permitieron que ese objeto existiera hoy en día.

Encontrar un mecanismo para que la gente lleve un souvenir al tiempo que aprecia y respeta a la cultura que le da sentido, se convierte en este sentido en un imperativo. De lo contrario, el turista no verá más allá de lo inmediato: Una fusión entre lo que indica su bolsillo con un juicio derivado de sus estándares visuales de belleza con una inmediata reacción hacia el tan común “regateo”.

Regatear, o pedir pagar menos, es algo que no se hace a un artesano, dicen por ahí. Palabras sabias para quien reconoce como valioso no solamente el tiempo de trabajo y los recursos invertidos para la elaboración de ese objeto, sino el largo proceso de transmisión de saberes y conocimientos heredado generación tras generación desde un tiempo difícilmente determinable, y que derivó en que esas manos adquirieran y conservaran esa habilidad. Quien pide pagar menos está, por lo general y aún sin hacerlo conscientemente, devaluando el profundo proceso que llevó a que esa prenda fuera elaborada.

En muchas ocasiones, sin embargo, quien lo hace no lo hace por una causa distinta a la falta de conocimiento sobre estos aspectos. Por ello, parece como algo no solamente necesario sino urgente ayudar a la gente “de fuera” a ver de una forma distinta algo tan preciado como lo es un fragmento o una pequeña manifestación de una cultura de herencia milenaria.

Si el objetivo es que la gente aprecie el textil, en contextos como éste en el cual los artesanos contemporáneos los usan como parte de su cultura viva, entonces tendremos que encontrar la manera de fomentar el respeto por esas culturas. Las ventajas de procurar discursos más allá de lo evidente pueden llegar a ser bastas.

Respeto, decimos. Y lo es así porque es de lo que muchas veces más se carece. Respeto por el lugar que llegamos a visitar y por la gente que habita en él. Hablar del textil puede ser, entonces, un pretexto o una vía para ahondar en asuntos de verdadero y mucho más profundo interés. En estos procesos, sabemos que la interpretación del patrimonio puede llegar a tener mucho qué aportar.

Como prueba de ello, encontré en esta exposición una propuesta discursiva distinta y muy creativa, en la cual se presentaba la relevancia de los textiles en el contexto de uso de distintos textiles conforme al paso de los diferentes momentos de la vida de las personas.

Con esta solución, el textil cobró un sentido mucho más íntimo porque, pienso yo, de alguna u otra manera todo el público se vería identificado con alguna de las facetas presentadas. Evidentemente, al panel o cédula correspondía un textil real, a veces montado en contexto, fuese con maniquíes o con apoyo en fotografías de gran escala. La historia representada a lo largo de la exposición mostraba quién usaba los textiles, quién los hacía, cómo y para qué fines se utilizaban.

Un panel que refiere al trabajo textil que hacen las madres cuando están esperando el nacimiento de sus hijos.

El discurso comenzaba con hablando sobre los bebés, a quienes se les tejían mantas desde antes de su nacimiento como parte de los preparativos para su recibimiento.

Luego hacían alusión al papel de los niños en la comunidad, siempre con prendas, a ojos externos, excepcionales.

Seguido de ello, la secuencia de la vida: Desde que cumplen 5 años, comienzan a participar en la producción textil. Hilan, tejen, tiñen y diseñan, primero cometiendo errores, pero aprendiendo poco a poco.

Ya entrada la pubertad y hasta los 20 años, los jóvenes tejen con gran habilidad tejidos de alta calidad. Tejen para enamorar, al momento que conviven y socializan.

Luego en la exhibición se muestran los textiles diferentes para diversos episodios de la vida: El trabajo, por ejemplo, tejidos para la agricultura, que cuenta con sacos en donde se cargan productos agrícolas; así como el tipo de textiles que usan hombres para ir a trabajar, mujeres en su ámbito cotidiano, sin dejar pasar las hermosas y sofisticadas prendas que se utilizan en fiestas especiales.

Un atado de ofrendas o missa q’epl, guardados en las viviendas y abiertos en fechas especiales. Foto: A.Jiménez.

Mantas, ponchos y beretes, son explicados, y no escapa el momento tan especial del matrimonio. Ahí se nos muestra el vestuario de una pareja de novios en una localidad cercana. Igualmente, algunos tejidos para ofrendas religiosas con las que atan ofrendas para llamar a los dioses quechuas.

Si la práctica de elaborar y de utilizar textiles acompañó a la gente durante su vida, parece obvio pensar que así lo es también en la muerte. Allí se llevarán prendas que fueron alimentándose durante la vida cargas emotivas muy grandes.

El recuento de la vida, en esta exposición, fue un excelente recurso para ayudar al público a entender la importancia de los textiles para estas sociedades. De principio a fin, y con una moraleja final, en donde se refiere al futuro del tejido en este lugar. El papel de los niños y de los maestros tejedores cobra enorme importancia, dando con ello una esperanza para el futuro.

Interpretando con frío, con calor, con lluvia y con cielo azul

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Monasterio de El Paular, en España, en invierno: Una oportunidad para hablar del aislamiento de los monjes cartujos.

Preparar un discurso de divulgación sobre un lugar habilitado para la visita pública casi siempre dirige la atención hacia los mensajes estandarizados acerca de su importancia, su valor y su significado. En cuantiosas ocasiones, estos discursos no cambian, incluso a lo largo del tiempo, no se diga en el paso de un solo año. ¡Qué oportunidades estamos dejando ir al no aprovechar los cambios que ocurren cuando cambia el clima en los lugares!

No se puede conocer a una sociedad si no se observa o se vive con ella durante un año entero, se dice en antropología. Por ello, este tipo de especialistas pasan temporadas de campo que van cubriendo, poco a poco, lo que ocurre en distintas temporalidades del año. Por lo general, encontramos grandes contrastes en lo que la gente hace cuando hace mucho frío, a diferencia de cuando hace mucho calor; y lo mismo cuando hay agua en abundancia o escasez.

Parece obvio pensar en ello cuando nos imaginamos a nuestra propia cultura en estas circunstancias tan cambiantes, y si es así: ¿Entonces por qué no aprovechar los cambios climáticos para ayudar a nuestros visitantes a tener experiencias más íntimas en los lugares, aprovechando las condiciones que ellos mismos están experimentando y que fueron las que vivieron las personas en el pasado?

Contrastes: El Paular en otoño. Fotografía: A. Jiménez, 2005.

Cuando acompañamos a visitantes a experimentar festividades vivas parece no haber tanto conflicto. Es fácil decir “bien, llegaste en esta época, podrás ver ésto o aquello”, y no falta quien remite a algo de tipo “qué pena que no viniste en tal época, habrías podido conocer tal otra cuestión”.

Sin embargo, cuando nos vamos refiriendo a lugares que hablan más bien del pasado, parece olvidársenos esta enorme cualidad de cambio natural y de la adaptación que hacen las personas al mismo. Cuando hacemos programas de divulgación, los preparamos estandarizados, para poder ser utilizados de manera idéntica en cualquier momento.

Sin lugar a dudas, el clima es algo que podemos aprovechar enormemente. Son datos que están en la experiencia del visitante, justo en ese momento, y que son súper poderosos simplemente porque los está viviendo. ¡Hace calor! ¡Me congelo! Bien: Aprovecha para hablar de cómo se refugia la gente del clima extremo, de la flora y de la fauna disponible para comer, de los usos y costumbres, de religión, de tradiciones asociadas con esta estación.

Por fortuna, este recurso ambiental no ha sido del todo ignorado en los programas de interpretación. Recuerdo una experiencia excelente en este sentido. El Beamish Museum: Un famoso museo al aire libre que cuenta cómo fue la vida cotidiana del Noreste de Inglaterra durante el siglo XIX y principios del XX.

Se trata de un museo que te ofrece “interpretación viva”, ésa en la cual hay intérpretes que se caracterizan como gente del pasado y que te explican cómo viven, para hacerte tener una experiencia de viaje en el tiempo. El lugar tiene una larga historia, de ya cerca de 50 años, que ha construido en escala real (1 a 1), un poblado entero. En la tienda, puedes encontrar productos de la estación, que por supuesto van cambiando conforme va avanzando el año.

Beamish Museum, en el Reino Unido, diversifica la experiencia de los visitantes dependiendo de la época del año que se viva. Imagen tomada del sitio oficial del museo.

El clima es un tema de enorme relevancia, y es algo que no debemos dejar escapar. Hace tiempo, recuerdo igualmente haber visitado El Paular, un monasterio español (llamado cartuja), que caracterizó a sus habitantes por vivir en el aislamiento. Esto ocurría como parte de sus principios: El retiro espiritual y físico es algo sustancial en esta orden religiosa.

En mi estancia de varios meses en Madrid y gracias a que estuve realizando una investigación sobre esa cartuja, pude visitarla en distintas épocas del año, comenzando por la primavera. El cambio en el aspecto del lugar en otoño fue fundamentalmente apreciado por lo estético. Pero… cuando llegó el invierno y las nevadas cubrieron el lugar y sus alrededores, se asomó un conjunto enorme de datos que había estado revisando acerca del retiro y el aislamiento de los monjes cartujos. Entre ellos, el hecho de que en invierno ese lugar es absolutamente impenetrable. Sobra decir que tampoco puedes salir y que el aislamiento físico se hace inquebrantable. Evidentemente el día de hoy lo puedes hacer gracias a las formas que hay para retirar la nieve de las carreteras.

En arqueología ésto se hace aún más evidente. En la antigua Mesoamérica, por ejemplo, ¿qué mejor momento para hablar de los dioses de las lluvias y de las tormentas (generalmente el dios principal para todas las sociedades meosamericanas), que bajo un torrente de lluvias? ¿Qué tal referir a la importancia del maíz para esas culturas señalando la época del año en la cual las mazorcas están crecidas, casi al final de la época de lluvias?

La cultura y el clima son dos entes bien asociados. Todas las sociedades preindustriales, ciertamente, armonizaron con su entorno y se adaptaron a las condiciones que el ambiente les brindó.

Para los visitantes, el clima es una oportunidad para hacer la interpretación altamente personalizada, porque está asociada con sensaciones físicas que la gente del presente, los visitantes, tienen en el momento en el cual puedes entregarle información. De esta manera, lo sabemos, podemos aumentar las posibilidades de que lo que se aprenda sea absolutamente más relevante.


Créditos de imagen

Imagen de El Paular en invierno tomada de http://monasteriopaular.com/historiacartuja2.html. Marzo de 2019.

Imagen de Beamish Museum tomada de su sitio oficial http://www.beamish.org.uk/. Marzo de 2019.