Cómo hacer para que la gente (¿nunca?) use tus materiales de interpretación

Generalmente (o al menos éso queremos pensar), cuando publicamos cédulas o paneles informativos, o hacemos videos o montamos una exposición, esperamos que la gente la use, la consuma de la mejor forma, y nos permita lograr nuestros objetivos (cualesquiera que éstos sean). En cierto sentido, partimos del hecho de que cualquier proyecto de interpretación es una oportunidad para hacer reflexionar a la gente sobre su entorno al presentar objetos, lugares, temáticas, conceptos, entre muchas otras cuestiones.

“Panel en cautiverio”… Sí, está tras una cerca que hace que la gente, sistemáticamente, ignore su existencia. Plaza El Carmen, Morelia, México.

Nos asusta y nos desagrada, por lo mismo, encontrar oportunidades desperdiciadas. Sabemos que la interpretación, así como el montaje de discursos e imágenes sobre soportes específicos constituye, siempre, un esfuerzo de “alguien”. A veces de una instancia pública, de un ayuntamiento o de un espacio de gobierno en cualquier nivel. Cuando es ése el caso, entonces sabemos que, en realidad, el esfuerzo vino de la gente que, con sus impuestos, propició que existieran las condiciones para que proyectos particulares se llevaran a cabo. Igualmente, cuando se trata de espacios privados, se reconoce que quien hace el esfuerzo por presentar esos objetos, lugares o temáticas, desea que sean aprovechados y útiles en la consecución de sus metas.

“Carrera de obstáculos” para leer este panel: Primero, debes rodear una gran maceta, y luego, sortear formas para evitar que los contenedores de basura te incomoden la lectura. ¿Tú lo leerías?. -La foto está tomada desde el lado opuesto del flujo de la gente- Templo de San Agustín, Morelia. Foto: A.Jiménez.

Imaginemos que caminamos por una ciudad, y nos adentramos a un templo. Sea porque somos católicos o porque simplemente queremos conocer su interior. El paso de la calle a la puerta del templo podría ser una oportunidad para presentar un poco de información al público.

Sin embargo, algo pasó y ese panel quedó “un poco” escondido. En principio, ha sido instalado en un lugar en donde aparece como un monumento discreto, en una esquina, en donde la gente generalmente no pasa. En segundo lugar, a alguien le pareció buena idea decorar el entorno con una gran maceta, sin considerar que esa maceta interrumpe el paso entre la gente que va hacia la puerta y el panel informativo. Como para complementar la triste escena, a los responsables de hacer el aseo en el templo les pareció que el panel podría ser un buen lugar para recargar los deshechos en dos grandes contenedores de basura… ¿QUÉ PASO AQUÍ?

En este post, no me detendré a analizar el contenido del panel, porque está visto que sea excelente, bueno, regular o malo, nunca va a importar porque simplemente nadie lo va a leer. Vayamos, más bien, algunos pasos atrás y aprovechemos esta circunstancia para hablar de la importancia de la accesibilidad en el marco de la planeación de la interpretación.

Ya lo he mencionado en otros posts, y merece la pena recordarlo aquí nuevamente: En interpretación, siempre debemos pensar en nuestro público. En este caso, en el sentido de la espacialidad y del uso de los recursos, existen herramientas metodológicas que nos pueden ayudar a asegurar que todo lo que desarrollemos esté, realmente, disponible y al alcance de nuestro usuario meta.

Aquí podemos hablar de dos niveles en la planeación. Uno es el de la accesibilidad física, y el segundo es el de la usabilidad. En el ámbito de la primera, hemos de asegurarnos de que la gente pueda, físicamente, llegar hasta donde está el recurso, y de ser necesaria su manipulación, pueda hacerlo. ¿Qué preguntas nos habremos de hacer? Como un antecedente, habremos de haber reconocido quién es nuestro público meta, e idealmente, contaremos con un estudio de visitantes previo que nos habrá indicado quién (y con quién) visita este lugar habitualmente.

Uno de los múltiples posibles públicos es el que asiste en silla de ruedas. ¿Lo que preparamos está al alcance de ellos? Imagen tomada de HFC, 2009, pág. 26

El tipo de público y lo que ha sido llamado “la estructura de visita” (que es la cantidad de gente que visita el lugar y el tipo de asociación entre las personas que constituyen grupos específicos, o sea, si van solos o si van acompañados, ¿de quién?), es un primer paso. A eso hay que agregar cuestiones de edad, de capacidades y de limitaciones de nuestro público meta. ¿Pueden caminar, subir, bajar hasta donde está nuestro recurso? ¿Pueden ver, oír, oler, tocar? ¿y si no pueden, ello afecta el acceso al recurso que les hemos preparado?

Para este grupo de preguntas, documentos como los generados por el Sistema de Parques Nacionales de los Estados Unidos nos pueden ser de gran utilidad. Con base en normativas federales en el ámbito de la accesibilidad a públicos con discapacidad y con capacidades diferentes, desarrollaron los “Lineamientos Programáticos de Accesibilidad para los Medios Interpretativos del Sistema de Parques Nacionales”, con ejemplos prácticos de evaluación y monitoreo sobre accesibilidad, como el realizado en el Centro de Visitantes de la Casa Blanca (abajo, la referencia).

Al segundo aspecto, el de la usabilidad, se ha buscado respuesta a una pregunta fundamental: ¿Cómo hacer para que los usuarios se sientan cómodos y utilicen sin problemas los recursos de interpretación que preparamos para ellos? En cada medio de comunicación, así, tendremos distintos indicadores dependiendo del tipo de uso para el cual fue concebido el recurso.

En este grupo están investigaciones y propuestas que tienen que ver con cuestiones tan elementales como cómo funciona nuestra mente al utilizar los recursos (¡fundamental, ¿no?!), hasta el análisis de los impedimentos y las frustraciones que se generan en el usuario al momento de manipular nuestros recursos. ¿Son claras las instrucciones? ¿Es visualmente amigable la estructura de textos e imágenes? Y así, para tipo de manipulación: Si es para escucharse, ¿se escucha bien?; si es para tocarse, ¿está realmente al alcance? ¡etcétera! En este renglón también hay mucha bibliografía, aunque destaco la investigación hecha por Manuel Gándara justamente sobre usabilidad en tecnologías que se utilizan para la divulgación del patrimonio (igual, si lo encuentras de tu interés, ve abajo).

Pensar en el público, en el usuario real (y no en el ideal), es uno de los fundamentos de la interpretación. Uno tras otro, debemos pensar en los obstáculos que le impiden (o que le pueden llegar a impedir) llegar hasta nuestro mensaje. El físico es uno importante, y siguiendo los lineamientos adecuados, podemos mejorar la experiencia de uso de nuestros recursos.

Por otra parte, si lo que buscas es que nunca te lean, que jamás te escuchen y que siempre ignoren lo que produces… ¡Ya sabes por dónde caminar!

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Referencias

Gándara, Manuel (2001) Aspectos sociales de la interfaz con el usuario. Una aplicación en museos. Tesis para optar por el grado de Doctor en Diseño. UAM Azcapotzalco, México DF.

Harpers Ferry Center (2009) Programmatic Accesibility Guidelines for National Park Service Interpretive Media, Harpers Ferry Center. Center for Media Service National Park Service, US Department of the Interior.

T. Smith, Anita; Cynthia Coffelt (2008) White House Visitor Center. Accesibility Evaluation Report and Recommendations. National Park Service. Junio, 2008.

2 thoughts on “Cómo hacer para que la gente (¿nunca?) use tus materiales de interpretación”

  1. El diseño del acceso a muestras informativas debe ser una percepción natural y lógica, donde priva la facilidad de acercarse al objeto o texto, y además ser agradable y legible, de impacto visual inmediato y relacionado al tema en cuestión. Saludos !

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