Interpretación con calidad “TORE”

Podemos medir y aumentar la eficiencia y calidad de la Interpretación con apoyo en algunas de las múltiples enseñanzas de Sam Ham. En su libro “Interpretación. Para marcar la diferencia intencionadamente”,  nos da útiles pistas para lograr los tres grandes y fundamentales objetivos de nuestra profesión.

Museo en el municipio de Teotihuacan (2014). Fotografía: A.Jiménez

“Interpretation. Making a Difference on Purpose” es el título original de la que posteriormente fuese la traducción al castellano, hecha por la Asociación para la Interpretación del Patrimonio en España. Cito el título en la versión anglosajona porque me da la impresión de que refleja de una mejor manera el sentido de la obra: Los intérpretes buscamos “hacer la diferencia” sobre cuestiones muy específicas (conscientemente y a propósito). En lograrlas más o menos, bien o excelente, está justo la diferencia entre quienes hacen regular, buena o excelente interpretación.

Comencemos con unas preguntas un tanto básicas… ¿qué queremos los intérpretes del patrimonio? ¿Qué nos es común? Como arqueóloga, me siento absolutamente identificada con la respuesta que Ham propone sintetizada en tres puntos: Simples y llanos.

  1. Buscamos mejorar la experiencia de la audiencia (sean visitantes, asistentes a una actividad, usuarios de una web, consumidores impresos y audiovisuales, etcétera)
  2. Buscamos generar buenos impactos en las actitudes y promover el aprecio (o el cuidado sobre un lugar, cosa o concepto)
  3. Buscamos, finalmente, fortalecer la protección de recursos importantes, raros o frágiles, por su influencia en el comportamiento del público con respecto a ellos (Ham, 2013: 72 -en la versión castellana-).

Con ello como base, nuestro autor desarrolla toda una estrategia que nos permite lograr estos grandes e importantes objetivos. Para lograr una calidad “Gold”, debemos hacerla con cuatro ingredientes fundamentales. Esta interpretación de calidad se llama TORE por las siglas que refieren a sus cuatro componentes. En su obra, Ham es muy riguroso al señalar que ninguno de ellos debe faltar, y no sólo éso, sino que los cuatro, por separado, deben de ser desarrollados con excelencia, sin subestimar el valor de cualquiera de ellos.

La interpretación es Temática. De ahí viene la primera “T”. Basta regresar a su ya clásica obra “Interpretación Ambiental. Una guía para hacer grandes proyectos con bajos presupuestos” de 1992 para reconocer la importancia de este componente. Así, el primer esfuerzo ha de guiarse hacia la reflexión sobre qué queremos decir (con un ¿por qué? y un ¿para qué? desarrollados de manera explícita). En este contexto, de manera complementaria, buscar decirlo a través de la creación de un mensaje, como dicen algunos intérpretes, “para llevar a casa”. El Tema es el mensaje, y como tal, tiene una intención. Es algo que importa a la gente y que asoma una perspectiva (una visión, una intención) sobre los recursos que se interpretan. Por eso se aleja de algo que simplemente es un tópico.

La interpretación está Organizada. Ante todo, pensemos que somos humanos. Tenemos oportunidades pero también tenemos limitaciones, sobre todo en lo que a la capacidad de procesar información en nuestra mente respecta. Si organizamos la información de una manera eficiente, evitaremos que el cerebro de nuestra audiencia se distraiga en esforzarse por entender la estructura de lo que le estamos diciendo, y se enfoque mejor en el contenido. En otras palabras, si lo queremos atento, debemos evitar los ruidos, y el esfuerzo en cosas, temáticas o aspectos que no son la parte más importante que queremos comunicar.

Recuerdo las sesiones en el aula con Manuel Gándara, en donde nos hacía reflexionar acerca de que las personas “reales” (no el público ideal al cual está dirigida la mayoría de programas de comunicación del patrimonio), quieren saber dónde está el baño, dónde podrán comer y en dónde pueden descansar, cuando lo consideren necesario. Si la gente no recibe esta información en el momento oportuno, seguro se desconectará de nuestro discurso al momento en que sus necesidades fisiológicas lo demanden. El orden también está en los contenidos, y por eso hacía referencia, también en la citada obra de los años 90, a que tendríamos que presentar un tema central y temas subordinados, con una jerarquía clara en la planeación.

La interpretación el Relevante. Vamos con la que Ham ha bautizado como “Vitamina R”, que no es más que preguntarnos… Lo que estoy presentando, ¿realmente le importa a la gente? Sobra decir que cuando estamos proponiendo un tema para cualquier proyecto, como fantasma, se aparece la pregunta “…SO WHAT? (los intérpretes nos preguntamos: ¿superaré la prueba que hará que la gente NO se haga esta pregunta con la información que estoy proporcionando? ¿será realmente interesante y significativo este contenido? y es que, si nuestra audiencia piensa “¿y a mí eso qué me importa?”, en ese instante, perdimos, y estamos en problemas como intérpretes. 

Para Ham, este componente es vital e igualmente básico en términos de cómo funcionamos los humanos: Si lo que presento es relevante, importante a la gente, entonces me seguirá. De lo contrario, simplemente se irá en cuerpo o en mente, a cualquier otro lugar más cómodo. La relevancia es un reto, pero los intérpretes deben saber que no se logra por acto de magia. Es una cuestión de método y de estrategia. Como antesala, es necesario saber quién es nuestro público, qué sabe, qué quiere saber, qué piensa sobre nuestros recursos, qué creencias tiene, incluso, sobre las actitudes que tiene sobre los recursos, entre muchas otras cosas, solamente como un punto de partida. En la interpretación, hay que pensar en la gente como preámbulo a hacer que lo que le digas, “se lo tome personal”.

Sam Ham durante la Conferencia Internacional de la Association for Heritage Interpretation, refiriendo al modelo TORE. Irlanda, 2016.

La interpretación es Disfrutable. Aquí está nuestra letra “E”, ¡de Enjoyable!, que en la versión traducida al castellano presentaron como “Amena”. Y claro, cómo no va a ser así, si de entrada partimos del hecho de que la gente aprende mejor cuando disfruta el momento de aprendizaje y el contexto en el cual se le está presentando lo que ve, escucha, huele, siente y, en ocasiones, degusta. Aprender con los sentidos y también con el disfrute de la interacción, de la acción, del movimiento (ojo: ¡Aún cuando no son contenidos disfrutables, como lo son los que aluden a momentos tristísimos de la humanidad!)

Hacer una interpretación con calidad TORE implica un trabajo cuidadoso. En principio, no podemos escapar de estudiar a nuestro público. si hacemos un esfuerzo por conocerlo, estaremos iniciando con conocimiento de causa. El diagnóstico es nuestra plataforma, porque de ahí se pueden derivar programas con objetivos muy claros y específicos.

Sobre planeación y evaluación (para saber si nuestra interpretación es exitosa) vendrá más, dado que son, por demás, dos de los ejes de los buenos proyectos de interpretación. 

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