Haciendo interpretación para gente mayor a 55 años de edad

Cada día crece el número de gente que rebasa los 55 años, y una importante cantidad de ellos y ellas gustan mucho no solamente de disfrutar el patrimonio, sino de ayudar a procurarlo y atenderlo de muchas formas. Éste es un público maduro en sus pensamientos, aunque también con necesidades que debemos atender. 

Un hombre mayor visita la exposición temporal alusiva al 80 aniversario de la ENAH -Escuela Nacional de Antropología e Historia-, en el Metro Pino Suárez. Foto: A.Jiménez.

Cuando pensamos en atender a distintos tipos de público, generalmente comenzamos por la divisón entre adultos y niños. No está mal. Sin embargo, ahí no se detienen las posibilidades. En efecto, hablamos de posibilidades cuando reconocemos que cada tipo de público no solamente merece un programa específico, sino que también, cada tipo de público puede hacer distintas cosas por los recursos que tanto queremos.

Probablemente lo primero que te hayas preguntado es por qué puse esa franja de edad. Y bien, los adultos “de la tercera edad” o “mayores” inician esta etapa, oficialmente, a distinta edad, acorde con lo que legalmente se reconoce como tal en cada país. Para México, por ejemplo, esto ocurre a los 60. Sin embargo, me remito a este límite aprovechando un documento de lineamientos para la interpretación de este grupo poblacional en Europa, en donde el rango de edad para “seniors” inicia a los 55.

Encuentro este documento altamente interesante. Su nombre: Interpretación del Patrimonio para audiencias de adultos mayores. Un manual para intérpretes y administradores del patrimonio -título traducido por mí-, publicado por Interpret Europe en 2011 (¡una de tantas joyas que aparecen como recursos disponibles para el público en las páginas oficiales de las Asociaciones Internacionales de Interpretación!). 

Resultado de imagen para personas de la tercera edad en museosEn él, y para un análisis particular europeo, el documento recupera algunas ideas generales como lo son el hecho de que la cantidad de gente mayor a 55 años crece año con año; de que muchos se interesan en el patrimonio y constituyen un mercado importante para los lugares patrimoniales; se menciona que tienen mayor libertad financiera (aunque también se reconoce que hay adultos mayores sin tanta posibilidad económica). Asimismo, en esta categoría tan grande de gente, se reconoce también que hay gran heterogeneidad, aunque comienzan a aparecer ciertos patrones. Así, quien haya guiado a una persona o grupo de personas de la tercera edad, sabe que no puede exigirle ciertos esfuerzos, pero que sí puede aprovechar algunas cualidades. Revisemos algunas de las características que se dejan ver en la mayoría:

Características físicas. Decrece su movilidad y su energía; aumenta la discapacidad auditiva y visual; y hay mayor necesidad de descanso, de sustento y de facilidades de baño.

Características intelectuales. Tienen mayor conocimiento y experiencia, y por lo tanto, más habilidad para “establecer conexiones”; también, una mayor capacidad para procesar información detallada; más interés en investigar información; menor memoria de corto plazo y senilidad creciente; y también, una menor apertura de ideas vinculado, en ocasiones, con prejuicios sobre ciertos temas. 

Características emotivas. Lazos personales fuertes con lugares; orgullo de su patrimonio; e incremento de la reflexión sobre experiencias personales.

Características sociales. Un deseo creciente de pasar tiempo en lugares con amigos y familia, particularmente con nietos; un deseo de conexión personal con staff y voluntarios en sitios patrimoniales.

Características culturales. Deseo creciente de encontrar servicios de interpretación que pongan a los lugares en contexto, en términos geográficos y en relación con eventos mundiales; y un creciente sentido de nostalgia mientras visita los sitios. 

Michael Carris disfruta compartir el sus conocimientos sobre su patrimonio. Fuente: HISA Handbook.

Lo anterior, nos hace reflexionar acerca de lo que debemos hacer para atenderlos de la mejor manera, y también, para ayudarnos de ellos en los programas de interpretación. En el Manual, se sugieren varias líneas, y aquí sintetizo algunas de las que me parecieron más relevantes: 

  1. Atender a sus requerimientos físicos. Asegurarse de que hay personas que puedan ayudar a este grupo, así como a quienes cuentan con alguna discapacidad. Propone trabajar con organizaciones de discapacitados para asegurarse de que los lugares son aptos para el disfrute de estas personas. Es importante brindarles información precisa: desde la que se alberga el sitio web hasta la que se da en el sitio, con el contacto personal. Recomienda cuidar mucho las medidas de accesibilidad en toda su estancia, comenzando por el estacionamiento, así como procurar que los lugares carezcan de riesgos por obstáculos o por falta de iluminación adecuada. 
  2. Proveer de un adecuado acceso intelectual a la interpretación del lugar. En el documento se hace referencia a los principios de la interpretación, aprovechando las capacidades humanas en términos de tener mejores experiencias de aprendizaje: Cuidar el mensaje, llamar a los cinco sentidos, entre otras cuestiones más generales que típicamente se encuentran en otros manuales de interpretación.
  3. Provee un rango de medios interpretativos, para distintos públicos. En su clásica obra, Tilden alude a la interpretación personal como la que puede brindar la mejor conexión de la gente con el lugar. En este estudio, se reconoce que ello ocurre, para esta franja poblacional, a veces sí y a veces no. Hay estudios que demuestran la preferencia de interpretación personal (la que se da directamente con guías, principalmente), como la favorita, aunque hay países en los que el comportamiento es distinto. Creo (y lo digo sin datos, sino por simple observación de mi contexto cercano), que para países como México, y tal vez varios de Latinoamérica, los adultos mayores prefieren la interpretación personal por muchos motivos. Ello lo infiero con base en la existencia de la brecha generacional para el uso de nuevas tecnologías. Lo que propone el manual, de cualquier manera, es que seamos cuidadosos con la selección de oportunidades y tratemos, en la medida de lo posible, de diversificar. 
  4. Ayuda a que se establezca una conexión emotiva. En el manual se sugiere que se ofrezcan oportunidades para que las personas registren sus memorias sobre el sitio, así como aspectos relacionados con él. Pedir al staff, por ejemplo, que converse con ellos, puede ayudar a establecer una conexión emotiva. También se sugiere que se ofrezcan oportunidades de actividades intergeneracionales para que los abuelos y nietos hagan cosas juntos, compartiendo sus conocimientos y sus habilidades. Proveer espacios de descanso y contemplación, como un cuarto o área para estar tranquilos, es otro posible recurso. 
  5. Provee facilidades adicionales. Entre ellas, (al amenos), snacks y café. Visitar un café es parte importante de una visita a un sitio patrimonial. También sugiere: Provee oportunidades de voluntariado. Ayuda a que la mente se prepare e indica cuánto tiempo se requiere para hacer la visita, antes de que ésta comience. Considera descuentos para gente mayor y con discapacidad. Ofrece actividades “sólo para adultos”, incluyendo algunas vespertinas. Ofrece actividades para gente con necesidades o características particulares. 
  6. ¡Los adultos mayores pueden ayudar! Una de las cosas que siempre ha llamado mi atención es la gran participación tan activa de adultos mayores en museos y lugares patrimoniales fuera de México, particularmente en Europa, Australia y Nueva Zelanda. En estos sitios, no es poco frecuente encontrarlos a ellos como facilitadores, o incluso como guías. Si bien nosotros (en México al menos), no lo tenemos muy practicado, es algo que bien valdría la pena explorar. Ya dedicaré en el futuro una publicación especial a las posibilidades de contar con voluntariados para el cuidado y la interpretación del patrimonio.

Prever facilidades para los distintos públicos es clave para el éxito de nuestros programas. Los adultos mayores son un grupo clave. En principio, es justo atenderlos, y segundo lugar, de atenderlos adecuadamente, podemos también generar una mejor imagen de nuestro patrimonio, y, con un poco de suerte y estrategia, ganar en ellos aliados para la conservación de nuestro patrimonio. 

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Referencia

Seccombe, Peter; Patrick Lehnes (editors) (2011) Heritage Interpretation for Senior Audiences. A Handbook for Heritage Interpreters and Interpretation Managers. Interpret Europe. Lifelong Learning Programme. Published online in July 2015 at www.interpret-europe.net/hisa/results

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