Decálogo de la Interpretación “A la Mexicana”

La Interpretación del Patrimonio nació en Estados Unidos y no tardó demasiado en popularizarse entre varios países de habla inglesa. Aunque un poco tarde (unos 30 años después de la publicación de Tilden “Interpreting Our Heritage”), a la arqueología mexicana llegó para quedarse. En el camino, un personaje icónico ha trabajado en adaptarla a nuestra experiencia nacional, y aquí está un poco del resultado.

Dr. Manuel Gándara Vázquez

En los años 90, Manuel Gándara Vázquez era ampliamente reconocido por sus aportes teóricos en la arqueología, por su invaluable calidad como docente, por un libro (ahora clásico) llamado “La Arqueología Oficial Mexicana” (INAH, 1992), aunado a su activo papel como académico en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, de la que incluso fue director.

Por ese tiempo, ya expresaba con preocupación la necesidad de procurar el patrimonio cultural desde una perspectiva distinta, porque la que se practicaba desde la institución rectora no daba para proteger la vastedad del patrimonio arqueológico. Justamente en el libro referido (y que, por cierto, había escrito en realidad mucho tiempo antes), hablaba de la importancia de la educación.

Entre arqueólogos se encontraba, cuando fue a un congreso en Puerto Rico el mismo año de la publicación de su libro, en donde, tras escuchar hablar de interpretación, comenzó a argumentar en contra de una corriente teórica (arqueología interpretativa) que se había puesto de moda en Inglaterra, y que refería a cuestiones que nada tenían que ver con “nuestra” interpretación, sino con otras más apegadas a aspectos de filosofía de la ciencia. En la noche, alguien le deslizó por debajo de la puerta de su habitación en el hotel el primer capítulo del libro de Ham (1992), con lo que reparó en que su argumento poco tenía que ver con lo que se estaba discutiendo.

Interpretación del Patrimonio Cultural. Pasos hacia una divulgación significativa en México. Manuel Gándara y Antonieta Jiménez (Editores). INAH, 2018.

La anécdota, que Manuel Gándara comparte en el libro “Interpretación del Patrimonio Cultural. Pasos hacia una divulgación significativa en México”, nos regala dos sonrisas: Una por el “chiste” que desprende la propia anécdota; y otra, más relevante aún,  por el hecho de, poco tiempo después, se convirtiera él mismo en el principal promotor de la Interpretación del Patrimonio en México.

En el proceso, mucha agua ha corrido. Miles de estudiantes y gente vinculada con la divulgación de la ciencia, tanto en México como en el extranjero, lo han escuchado; proyectos se han propuesto (varios de ellos ejecutado); y considerables reflexiones se han generado tanto por él como por otros, quienes, igualmente, nos hemos encantado ante la posibilidad de ayudar a mejorar el panorama de la conservación del patrimonio arqueológico en nuestro país.

El libro “Interpretación del Patrimonio. Pasos hacia una divulgación significativa en México” salió de la prensa apenas hace unas pocas semanas, bajo el sello del Instituto Nacional de Antropología e Historia, a 26 años de nuestra anécdota originaria. En su primer capítulo, escrito por él, presenta una serie de puestas al día de los pensamientos, las reflexiones y los aportes que, tanto desde su perspectiva personal basada en su propia curiosidad y experiencia académica como desde la experiencia recuperada por la interacción con otros intérpretes, ha conjuntado con el fin de describir lo que para él es “la Interpretación a la Mexicana”.

Intentaré hacer justicia a su texto, exponiendo algunos de los puntos más relevantes que se leen a lo largo de su capítulo, y que tramposamente, complemento con algunos dichos por él en clases, conferencias y charlas informales. Anticipo, respetuosamente, que es mi versión sobre lo leído, y que podría estar cometiendo imprecisiones en ello.

Aún así, éste es a mi parecer el decálogo que sintetiza parte de su pensamiento acerca de la Interpretación en México, o como él lo llama, la “Interpretación a la Mexicana”, que es el producto de la adopción de propuestas precedentes (que se pueden identificar con relativa facilidad), y otras novedosas, procedentes del campo de la antropología:

  1. La Intepretación del Patrimonio es una herramienta de educación patrimonial, y como tal, tiene una intención explícita. Puede ayudarnos a contar con aliados para la conservación del Patrimonio Cultural.
  2. Los principios de la interpretación propuestos por Tilden, Ham y otros quienes han realizado propuestas sistemáticas son la base para propiciar una mejor comunicación. De ellos, especial atención cobran los que aprovechan los hallazgos de las ciencias del aprendizaje, así como de la psicología cognitiva y de comunicación persuasiva.
  3. La divulgación del patrimonio está centrada en el púbico, un público real (no ideal). Para comunicarnos mejor, precisamos estudiarlo sistemáticamente como parte del proceso de planeación de la comunicación del patrimonio, sea en sitios arqueológicos, parques, museos o espacios “no controlados”.
  4. Los valores del patrimonio no son autoevidentes. Necesitamos darlos a conocer de una manera eficiente; y los mejores valores a divulgar son aquellos que promueven la investigación y la conservación del patrimonio.
  5. La interpretación del patrimonio cultural tiene que seguir un enfoque antropológico e histórico, que ayude al público a reconocerse como parte de lo que compartimos como humanos, de lo que nos hace diversos  y a comprender cómo es que se generó tal diversidad.
  6. Los buenos proyectos de interpretación diseñan experiencias: El aprendizaje sólo se dará si el público lo encuentra relevante; y el afecto y la emoción hacia el patrimonio (o el discurso sobre el patrimonio) al momento del aprendizaje puede hacer de la experiencia de aprendizaje algo más significativo y relevante (que retoma de diversos teóricos).
  7. Las historias que contamos son mejores cuando se construyen con un arco dramático.
  8. El mensaje es clave para la interpretación del patrimonio. Si bien existen críticas que promueven la libertad de que el público interprete el patrimonio como a él le parezca más conveniente, ello puede desprender riesgos (como el fomento a la destrucción del mismo). El reto, más bien, es mantener la importancia del mensaje, con el cometido de que éstos sean relevantes, generen preguntas, motivaciones o estímulos para nuevas ideas, actitudes y acciones.
  9. La comunicación es un proceso creativo, en el que potencialmente los participantes no solo reciben, sino que pueden ampliar, modificar y alterar de forma creativa los mensajes. La comunicación puede y debe disparar procesos cognitivos, emocionales y de acción que amlíen el rango de lo comunicado.
  10. En la planeación de la divulgación, debemos tener claridad inicial sobre tres elementos: Qué -consideramos que- debe saber el público para provocar en el ciertas reflexiones que le permitan entender la relevancia del bien patrimonial; en qué emociones nos podemos apoyar y qué emociones podemos provocar para lograr una experiencia significativa; y qué actividades podemos proponerle al publico que le permitan expresar su compromiso con la divulgación, con diferentes escalas e intensidades, que reflexiona a partir de la lectura de Veverka (2011)
“Interpretación del Patrimonio…” Tabla de contenido.

En el presente he referido al texto del Dr. Manuel Gándara, aunque invito a los lectores a que revisen éste y el resto de la obra, que puedes adquirir en la librería central del INAH o, en un futuro próximo, a través de su catálogo en línea.

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