4 – 3: Pierden los locales

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Rusia perdió contra Croacia, en penales, pero derrota al fin y al cabo. El las copas mundiales de fútbol, el registro de locales vencedores es mínima, tal como ocurre en el mundo de la interpretación. Cuando se piensa en comunicar el patrimonio el primer usuario en mente es gente que viene de fuera a visitar un lugar, dejando, de paso, un poco de dinero como intercambio por servicios o productos. Se trata de esta relación tan contada entre la economía y el turismo.

Festa en Coatepec, Veracruz. Cortesía: México Desconocido. 16-sept-15.

Como quien cuenta una historia, comenzamos por el “había una vez…”, hablando de un lugar, una ciudad, un pueblo o cualquier lugar, con una historia construida por los ires y venires de los antepasados de quienes viven ahí. Las costumbres, las tradiciones, la identidad: Todo construido paso a paso, día a día, año tras año, década… siglo tras siglo. La gente ahí comparte sentimientos, emociones, historias, aún cuando no pocas se vayan olvidando con el paso del tiempo. En nuestra historia aparecen de repente los turistas… y ¡boom! pareciera ser que como por arte de magia, las historias locales se van haciendo pequeñitas en importancia, porque lo que recibe más atención son los escenarios desde los cuales las selfies pueden salir mejor.

Se separa, entonces, lo que “el de afuera” visita, que son lugares adaptados para recorridos a veces demasiado dirigidos hacia los spots más conocidos, de la posibilidad de conocer la esencia del lugar, construida a lo largo de su historia. Y si bien sabemos que hay turistas que gustan de marcar en su checklist de su historia de vida “lugar icónico visitado”¿quién dice que muchísimos de ellos no gustan de las historias reales, las de la gente que vive en convivencia con esos maravillosos lugares fotografiables?

Si la foto es bonita… Imagina las historias que tiene para contar. La Soterraña, Morelia. Fotografía: A.Jiménez.

Las historias locales también venden, y eso es algo que quienes hacen divulgación de elementos culturales por negocio o por política no consideran con la seriedad que ello merece. Si decimos que “venden” significa que son atractivas, lo cual se reconoce cuando aparece una palabra mágica: ¡autenticidad! Los turistas, el día de hoy, mucho más que la fotografía en el lugar, buscan la experiencia completa. ¿Qué vale más como experiencia?: Una fotografía afuera del Coliseo romano, o esa misma fotografía acompañada de otra en donde se disfrutó de una comida o de una charla amigable con alguien que nació en Roma? La magia está en que un anfitrión local tiene la posibilidad de hablar de lo que “es” haber crecido en esa ciudad, el ser parte de ese patrimonio (y tenerlo en sus entrañas), y en el mejor de los casos, de hablar un poco de historia local, dándole un plus considerablemente mayor al de ser un simple turista guiado por Lonley Planet.

Sabemos que, además, las historias locales compartidas con los turistas fortalecen la identidad local y a la gente, al reconocerse y presentarse como comunidad. Aquí, pareciera que hablamos un poco con sentido común, y de hecho el tema ha sido reconocido como algo importante desde hace décadas. El muchas veces llamado “sentido de lugar” sale a relucir, y se ha convertido, de hecho, en una de las variables en el ámbito del pensamiento sobre desarrollo social sustentable cuando de patrimonio se trata.

Legacy. The magazine of the National Association for Interpretation.”Community-based Interpretation”. January/Febrruary 2010. Volume 21, Number 1.

En contraposición, sin embargo, vemos cómo funcionan las cosas en la realidad. En un artículo publicado en la revista de interpretación Legacy de la National Association for Interpretation, Dan Shilling se pregunta ¿por qué si los “lugares” (en el sentido de identidad, de pertenencia e incluso de fomento al desarrollo económico) se consideran tan importantes, están desapareciendo? ¡Wow! A mi parecer, esta sí es una pregunta fundamental. Ejemplos de ello los encontramos por doquier, comenzando por los múltiples Centros Históricos hermosamente fotografiados y convertidos en patrimonios promocionados por instituciones turísticas… y sí, abandonados en el sentido de la promoción del sentir de la gente por sus lugares.

Motivos hay muchos: En principio, el afamado concepto de gentrificación (palabreja utilizada para referir al proceso que hace que la gente venda o abandone las casas en las que vivieron, y que dichas casas son utilizadas por gente con más dinero para hacerlas bonitas. El resultado: Centros Históricos muy bonitos por fuera, pero sin la gente que construyó la historia del lugar). Otro motivo es la homogeneización de las estrategias globales para recibir a turistas a través de una estandarización de servicios en hotelería, restaurantes y otros típicamente demandados por el turismo. Tal vez, sumados, estos dos son los más  impactantes.

En muchos Centros Históricos hay grandes procesos de gentrificación. La Interpretación puede ayudar a frenar la desvalorización, contando las historias en ellos escondidas. Calle Benito Juárez, Morelia. Foto: A.Jiménez.

Si ello ocurre así, ¿hay algo que podemos hacer? Me parece que los intérpretes tenemos mucho que aportar en este renglón. Justamente, este número de revista editada ya hace más de 8 años dedicó el tema a la Interpretación Basada en la Comunidad. Me pareció absolutamente pertinente, en este número, un artículo escrito por Robert D. Hinkle sobre la capacidad de, desde la interpretación, apoyar el desarrollo de sentido de lugar en lugares no tradicionales; así como la alusión a la 16 Asamblea General de ICOMOS que ocurrió en Canadá en 2008 sobre Interpretar el Sentido de Lugar. ¡Por supuesto que no pude evitar pensar que me hubiera encantado conocer este número cuando redactaba mi tesis doctoral!

Más allá del anecdotario, éste número me llevó a renovar los ánimos (que en realidad siempre han estado presentes) por reconocer que la interpretación del patrimonio puede ser un arma muy poderosa para lograr que el patrimonio se aproveche de la mejor manera para incidir en el bienestar social. Entre otras cuestiones, puede ayudar a aumentar los beneficios y los beneficiarios del patrimonio, tal y como lo he insistido durante los últimos años. La relación entre patrimonio colectivo reconocido y fomentado, identidad y sentimiento de fortaleza de saberse parte de un grupo es real, y por ello vale la pena trabajar por esa ruta.

Recetas hay muchas, aunque parece que hay un patrón: Hay que tratar de conocer a los lugares que se promueven turísticamente más allá de la superficie, hay que husmear en la historia reciente, fomentar que la gente contemporánea participe en el rescate de su historia… ¡y contarle al mundo -a los visitantes-, una nueva historia! Con apoyo en la interpretación, bien podremos intentar hacer de la visita de foráneos una experiencia nutrida, memorable y auténtica.

Con ese esfuerzo, estaremos abonando un poco a la satisfacción de los locales, que por esta vez, verán reverido ese 4-3 perdido por una  victoria, un tanto más permanente, en aunque ahora no en la cancha verde, sino el aprovechamiento de su patrimonio.

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National Association for Interpretation (2010) Legacy. “Community Based Interpretation”, Vol. 21, Number 21, January/February 2010.

D. Hinkle, Robert (2010) “Developing a Sense of Place in Non-Traditional Spaces. Making Community Connections Through Heritage Interprettion on the Lake to Lake Trail”, en Legacy, Vol. 21, Number 21, January/February 2010.

Shilling, Dan (2010) “Why Tourism Needs the Public”, en Legacy, Vol. 21, Number 21, January/February 2010. (Referencia en el texto: página 8).

 

 

 

 

 

Principios de la Interpretación… ¡En acción!

La apreciación no basta para comprender el significado de lo que tenemos enfrente, dicta uno de los principios de la Interpretación del Patrimonio. Necesitamos buscar formas creativas, divertidas y atractivas para comunicar aspectos que consideramos relevantes, necesarios, útiles o incluso, en ocasiones, vitales.

Rocky Mountain National Park, Julio 2018. Foto: A. Jiménez

Estás en la tundra. Aquí no sobrevives en invierno a menos que cuentes con formas muy especializadas para protegerte. Aunque durante esa época esté todo lleno de nieve, este paisaje resguarda vida que florece durante algunos meses cada año. No autoexplores, sigue las indicaciones. Cuídate y cuida la vida que tienes alrededor.

Lo que leíste es el mensaje que yo, como visitante ordinario,  recibí al visitar Rocky Mountain National Park en el estado de Colorado, en los Estados Unidos. No me lo dijeron con esas palabras, sino con una serie de comunicaciones distribuidas tanto en el Centro de Visitantes como en distintos paneles instalados a lo largo de un camino habilitado para la visita pública. 

La visita que realicé podría ser considerada un tanto ordinaria, en el sentido de que hice un recorrido por una ruta muy tradicional, haciendo lo que un visitante promedio, se espera, recorra y haga. Inicié por el Centro de Visitantes, en donde se me proporcionó una introducción a la importancia del lugar, acompañado con información interesante acerca de la flora, la fauna y el reto que representa para ellos vivir en un clima extremo.

“Te quita el aire”, dice uno de los paneles y lo presentan justo cuando sientes que no puedes respirar normalmente (acierto: Te vincula con algo que sientes en ese momento). Después, te proporciona información sobre efectos de la altitud en el cuerpo humano.

Cuestiones importantes vinieron a colación, a través de una serie de informaciones sobre lo que más me importa: Mi salud, mi bienestar físico, mi integridad. En uno de los primeros paneles se orienta a los visitantes sobre precauciones que se deben tener y menciona la importancia de mantenernos hidratados. No seguir las indicaciones en un ambiente tan hostil puede resultar fatal, y no solamente en invierno, sino en verano por la presencia de animales que, de encontrarlos de frente, pueden hacer que te arrepientas de haber visitado este parque. El complemento, claramente, fue información encontrada a lo largo del sendero sobre los efectos del entorno en el cuerpo de humanos no habituados a estas condiciones.

Un recurso utilizado en el Centro de Visitantes me recordó una de las recomendaciones para lograr una mejor comunicación referida por Crag Knockan (*). En su teoría “para explorar conexiones creativas en el desarrollo de temas” nos hace reconocer que exagerar, a veces, ayuda. Exagerar, por ejemplo, en las escalas de tiempo para hacerlas más manejables en la mente de las personas o para que se entienden mejor. En este parque ocurren cambios dramáticos a lo largo del año, pero, seamos honestos, el porcentaje de visitantes que puede visitar el parque varias veces o durante todo el año, seguramente, es muy reducido. De esta manera, los intérpretes ingeniaron una imagen que ayuda a las personas, como yo, a entender lo que ocurre durante todo un año pero en una sola mirada.

Parte de las estrategias de supervivencia en las condiciones de Rocky Mountain es el camuflaje. Algunos animales que cambian su pelaje en una y otra época del año. Los intérpretes acertaron al poner a la misma especie en uno y otro momento del año.

En un panel de pared fue apareciendo la imagen del entorno en cada mes del año, con ejemplos concretos de los cambios más evidentes. El visitante conoce algunos aspectos más significativos de entorno en los meses invernales, luego para ver cómo se va  transformando hasta cambiar casi de manera irreconocible en los meses calurosos. Como complemento, aparecen animales disecados, la misma especie, pero en 2 apariencias muy distintas, porque cambian de pelaje para mimetizarse con el ambiente. Este fue el caso de una comadreja (o he de decir, “dos”), y de unas perdices. En el caso de las perdices, aparecen tres. La de enmedio está “mitad blanca” y “mitad café”, con manchones de plumas de un color y otro entremetidos.

Ir a un parque natural de esta magnitud es una oportunidad para aprender cosas importantes. Los intérpretes lo saben bien, y aprovechar la presencia de visitantes para alimentar la toma de conciencia sobre la vulnerabilidad de la naturaleza es algo que no se debe pasar por alto. En este Parque Nacional, y muy a pesar de que el tema del cambio climático es políticamente controvertido al extremo de prohibir que se hable de él en espacios educativos -como éste-, aparece un panel que remite a la circunstancia tan difícil de deterioro medioambiental.

La Interpretación del Patrimonio, desde sus orígenes, ha considerado como prioridad comunicar la importancia de conservar el patrimonio. En el panel, una referencia al cambio climático global, aludiendo a la vulnerabilidad de especies particulares por los cambios en el calendario natural de invierno y de verano.

La visita a Rocky Mountain National Park resultó en una experiencia muy impresionante. Por el lugar, ciertamente; al igual, por lo que me pude llevar en términos de información; y por supuesto -como intérprete-, por la posibilidad de ver, en la práctica, un montaje cuidado en términos de eficiencia comunicativa.

Gracias a Margo Carlock, Directora Ejecutiva de la Asociación Nacional de Interpretación en Estados Unidos, por la invitación a visitar este maravilloso lugar.

Una de las cosas que aprecié gratamente fue que en el Centro de Visitantes aprendí datos sobre geología, flora y fauna que realmente pude encontrar después, durante mi visita. Cuando las veía me acordaba de lo que acababa de aprender en el montaje museográfico. De principio a fin encontré coherencia y consistencia, y salvo algunos paneles que estaban claramente deteriorados, tal vez porque son antiguos o incluso porque pudieron no “sobrevivir” muchos inviernos debido a los cambios bruscos de humedad y temperatura, la información en lo general fue amigable y con una clara intención de tratar de conectar al visitante.