Tus visitantes aprenden recordando

La mente de los visitantes a nuestros museos y exposiciones se activa de una manera sorprendente al encontrarse con algo novedoso. Con seguridad, al enfrentarse con algo desconocido, tratarán de encontrar con ayuda de su memoria el sentido de aquello que tiene enfrente. 

¿Qué piensas con esta imagen? ¿Qué comentarios compartirías si estuvieras aquí con un amigo o familiar? El primer contacto con objetos extraños es el la búsqueda de asociaciones en nuestra memoria que nos ayudan a entender lo extraño, y al hablar de ello, reforzamos nuestras ideas. Figuras Bamanas, MET, NY.

Cuando la gente visita un lugar por primera vez, como lo puede ser un museo, parte del cerebro se pone a trabajar entendiendo el espacio, con el fin de saber si no hay riesgos físicos. Si hay necesidad, buscará un baño, un restaurante o el lugar donde se brinda algún servicio en particular. Si hacemos un buen trabajo en la planeación de nuestra exhibición, una parte importante del cerebro estará atento a la exhibición, tratando de encontrar el sentido de todo lo que ve, lee, escucha, huele y siente. Para lograrlo, estaría apelando a la experiencia previa, a los pedazos de memorias que le estarían ayudando a entender lo que tiene enfrente. 

La memoria lo es todo, para bien y para mal. Las experiencias que el usuario haya tenido en lugares similares saltarán con el fin de, inconscientemente, reaccionar de la misma forma como lo habría hecho (o habría deseado hacerlo) en su experiencia previa. Si sabe que es un lugar solemne, se preparará para no hacer ruido, no tocar y tratar de que su presencia sea casi imperceptible. Si el lugar le hace pensar en un lugar lúdico, estará atento a encontrar indicaciones para actuar e interactuar.

Las más de las veces, sobre todo cuando se trata de lugares icónicos y sobre expuestos turísticamente, tendrá su cámara fotográfica lista para la disparar. En ocasiones, los visitantes reconocen que se encuentran ante una circunstancia especial, a veces única en su vida, y tratan de abrir todos sus sentidos para no perder nada de la experiencia que imaginaron en sus expectativas de visita. 

Una vez entrado al sitio, la mente de nuestro visitante juega entre este recuerdo y la exploración de lo novedoso. Son instantes intensos que implican una especial atención, sobre todo durante los primeros minutos, mientras el usuario trata de entender a qué se le va a comprometer tanto física como intelectualmente, tratando de interpretar qué le estará ofreciendo el lugar en términos de su experiencia próxima a vivir.

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En las caminatas por senderos de parques naturales los sentidos se despiertan. En el contexto general y en los detalles saltan referencias a memorias episódicas del pasado, que si las aprovechamos bien, nos pueden ayudar a generar aprendizajes más significativos.

Existen varios estudios que nos ayudan a entender la importancia de estos minutos iniciales y la forma como debemos aprovecharlos en la planeación de nuestros programas como parte de la preparación de la etapa de orientación al visitante. Sin embargo, en esta publicación no ahondaremos tanto en ello sino a otro tipo de recuerdo. Una vez que están en el lugar, la mente de nuestros usuarios dialoga, tanto con el lugar, como con la gente con quien está acompañado. Aunado a la información novedosa que puede estar encontrando, de manera constante está buscando entre sus recuerdos una via para comprender lo que tiene delante de sí.

El Dr. Sam Ham ha reiterado en distintas oportunidades la importancia de conocer qué piensa la gente durante y al final de la experiencia que le brindamos, porque reconoce que el verdadero aprendizaje es algo íntimo y personal, que se logra cuando la gente genera sus propios pensamientos a partir de su interacción con el contexto que visita. En este momento, nos detenemos un poco para preguntarnos: ¿cómo hacer para que este proceso de aprendizaje sea más eficiente? ¿cómo conectar de mejor manera a nuestro público con el lugar, fomentando la creación de sus propios pensamientos?

La clave no esá en otro lugar, sino en la memoria de ellos y ellas, y para acercarnos más a nuestro objetivo hemos de conocer qué recuerdos y pensamientos saltan en momentos específicos durante la visita.Resultado de imagen para memoria comprender El conocimiento previo es altamente relevante, tanto de lugares similares al que visita como de temáticas que vienen a colación, y por mucho que le disguste a los especialistas en arqueología (cuando se trata de sitios arqueológicos), en historia (cuando son propios de esta disciplina), de la biología, la astronomía o lo que sea, los recuerdos pueden hacer alusión a experiencias absolutamente inconexas a lo que un ellos desearían. Puede ser que algo les remita un recuerdo sobre un amigo, sobre su mascota, o sobre un momento que nada tenga que ver con la especialidad principal de lugar que visitan. Aquí es donde nos tenemos que detener y buscar patrones de recuerdos. En un estudio de público se puede rastrear, por ejemplo, cuál es la mayor frecuencia de recuerdos o de referencias a cuestiones particulares en lugares concretos durante la visita.

Como ejemplo de ello les haré alusión a un trabajo que hicieron las Doctoras Lucy R. MacClain y Heather Toomey de Penn State University. En una investigación centrada en las memorias que los visitantes traen y comparten durante una caminata a un parque natural, se dieron a la tarea de monitorear de qué hablaban los visitantes que venían en grupos de familias. Resultaba especialmente interesante para su estudio registrar los recuerdos que les evocaban lugares y elementos naturales específicos, y que podían conocerse a través de lo que conversaban grupos de familias entre sus miembros.

Los usuarios podrían recordar aspectos que vivieron o aprendieron en lugares naturales similares, la charla de algún profesor de clase, el color de un insecto que vieron algún día en la calle o incluso alguna charla informal con cualquier otra persona. Estas investigadoras categorizaron el tipo de recuerdos (fueran de procedencia de experiencias en lugares naturales, en aulas o familiares) vistos como “memorias episódicas”.

Evidentemente, el recuerdo es nuestra primera herramienta para entender algo nuevo, aunque no es suficiente con la asociación porque puede llevar a algo erróneo. Lo que seguiría es combinar este conocimiento con nuestros objetivos de proyectos, alimentados con un poco creatividad: La agudeza en un plan de interpretación tendrá que aprovechar los tipos de recuerdos más frecuentemente asociados como base para la acción acordes con los objetivos de comunicación. 

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Referencias:

McClain, Lucy; Heather Toomey Zimmerman (2016) “Families Connecting Their Prior Informal Learning Experiences to the Natural World During Nature Walks”, en Journal of Interpretation Research, Vol. 21, No. 2.

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