Claves para mantener a nuestro público bien interesado

Mucho se ha escrito acerca de lo difícil que es que nuestro público lea todo lo que escribimos, escuche todo lo que decimos y consuma todo lo que preparamos para él. ¿Qué ingredientes podemos poner a nuestros discursos para hacerlos más atractivos? 

Cédulas interactivas en Museo Casa Carranza

La planeación del discurso que se plasmará en una exposición, audioguía, video o cualquiera que sea nuestro medio de comunicación tiene importantes consecuencias; dentro de esa planeación probablemente la parte más relevante es la selección de contenidos, que contienen la esencia de lo que queremos que nuestro público aprenda. Entre los contenidos encontramos una gran gama de opciones y posibilidades, que nos ayudan alejarnos de los aburridos conceptos y palabras técnicas que las más de los veces son los principales repelentes de la atención de nuestro público. Por supuesto que ello está en sintonía con varios de los principios de la interpretación que aconsejan brindar información relevante, que se relacione con la vida de la gente a quien la diriges. En realidad este aspecto no implica gran ciencia: Lo que buscamos brindar es un tipo de información que mi público conoce, vive, siente y experimenta día con día.

Aquí podemos prestar atención a dos cuestiones: El proceso y el fin. Durante el proceso buscamos siempre tener a nuestro público atento, esperando el siguiente momento, el siguiente grupo de información. Queremos que quiera seguir, que quiera abrir la siguiente puerta y así llegar al final. El fin es el resultado de toda la experiencia, que si hacemos un buen trabajo, habrá inspirado a nuestro público y lo habrá ayudado a reflexionar desde lo más profundo.

Durante el proceso, el reto es no perderlo, y para ello tenemos que jugar con su mente (en el buen sentido), fomentarle curiosidad y gusto por lo que va aprendiendo, viendo y conociendo paso a paso. Para mantener e incrementar su interés durante el proceso existen varias recomendaciones en la bibliografía especializada. Desde mi perspectiva, lo primero que debemos intentar es unirlos, más que con los objetos, con la gente que hizo o que vivió con esos objetos que se exhiben.

Conectar a tu público con esa gente “que está en la vitrina” es la clave, y para ello podemos echar mano de una pregunta, cuya respuesta presentarás a tu público: ¿qué une como especie a la gente cuyos objetos exhibes con tu público? Para diversos intérpretes la respuesta, y con ello, la aproximación para acercarnos a nuestros visitantes ha sido diversa. Ha habido propuestas desde conectar a nuestros objetos de divulgación (distintas culturas o sociedades) con nuestro público con apoyo en conceptos universales, haciendo alusión a valores, o con mención a aspectos de la vida cotidiana en contraposición al uso de conceptos más abstractos. No podemos negar que estas propuestas tienen gran poder de conectividad.

Además de ello, una forma de conectarlos con esos “otros” es platicarles cómo viven (o vivían) esas personas. Existe una forma de despertar y satisfacer la curiosidad nuestro público ante la posibilidad que le damos de husmear, casi a manera de chisme anecdótico, en la vida de esos “otros humanos”. Para ello, imagina que lo que estás haciendo a través de tu exposición (si es el caso), es provocar un encuentro entre dos desconocidos. Unos son quienes hablan a través de los objetos que exhibes, y otros son quienes vienen a conocerlos (tus visitantes). Ahora imagina que tus visitantes son recibidos, y cual extraños, tratan de definir los códigos de la sociedad o la cultura que está siendo exhibida para saber cómo deben comportarse. Imagina que ellos hacen una pregunta básica, elemental y realmente relevante: ¿cómo vives? El reto en tu exhibición es responder a esa gran pregunta, con apoyo en la información disponible, con creatividad, y con sensibilidad. 

Podría darse el caso de que una de las metas de tu discurso es que conozcan la relevancia de tal o cual acontecimiento histórico, lo cual no entra en conflicto con la posibilidad de intercalar pistas sobre la vida cotidiana de los actores de dicho acontecimiento. 

El “¿cómo vives?” puede responderse de muchas formas, aunque en lo personal a la que más utilidad reconozco es aquella que permita a tu usuario conocer las rutinas de vida de esta gente, como una forma de ayudar a entender algunas de las cuestiones ligadas con sus identidades. Ya he referido en otro post la posibilidad de aprovechar la curiosidad que sentimos los seres humanos por la vida de otros, y cómo ello podemos aprovecharlo en nuestros programas de interpretación.

La parte práctica se resuelve a través de la búsqueda de ciertos tipos de información puntual. Un ejemplo muy ilustrativo lo encontré en el museo Casa Carranza, dedicado a este personaje de la historia mexicana en la Ciudad de México. Previo a tomar la presidencia, la historia de Carranza estuvo inmersa en la política y en la economía nacional, siendo él un personaje muy activo en el período de Porfirio Díaz, durante el movimiento revolucionario y en el período de la Post Revolución, cuando fue asesinado.

Gotas de vida cotidiana: El cortejo entre las clases pudientes.

En la presentación de su vida, y entrecruzado con los aspectos históricos generales, los intérpretes presentaron gotas de cotidianeidad de la vida del personaje: Cuáles eran los hábitos personales de higiene en el baño, cómo se llamaban los caballos en los cuales paseaba, cómo era el cortejo (porque hay un mueble que permitía la conversación entre los enamorados sin que éstos se tocaran), entre otros aspectos.

Aunado a ello está la construcción de la historia que contamos. En lo general, una historia exitosa es aquella que logra que quienes la conocen entiendan el contexto, lo valoren y sientan emociones como los opuestos: empatía / reprobación. La presentación de las rutinas colectivas y la razón de ser que las sustenta es una vía naturalmente viable. En ese momento, podemos decir que tenemos a nuestra audiencia “inmersa en la circunstancia”. Esto en realidad puede vincularse con la experiencia vital de nuestros visitantes (y que curiosamente son elementos que cualquier niño puede comprender): En principio, el asombro ante la diferencia en las formas de vivir, de solucionar los problemas de la vida cotidiana, y que se ven reflejadas en rutinas de la vida cotidiana, los hábitos que no tienen más trascendencia de lo que es el simple paso de los días. Evidentemente esto es sólo parte de la historia, porque seguramente, como complementeo, habremos de presentar esta información en el marco de una historia con movimiento, y por supuesto, con un poco de drama y suspenso. 

 

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