Humanos Curiosos

¿Quién no ha prestado atención a un murmullo de dos personas hablando en voz baja, tratando de descifrar lo que están hablando?; o en un hospital, ¿quién no ha intentado enterarse de la enfermedad de alguien desconocido con quien se comparte una sala de espera, simplemente poniendo atención a una conversación ajena? ¿Qué tal en un funeral, en el cual se vela a alguien también desconocido, de quien queremos conocer la razón de su muerte? 

A los humanos nos encantan las historias, y si son ajenas, mucho mejor. Las historias ajenas no nos comprometen, son productos que podemos consumir. Una vez lograda la información, quien la toma puede añadirla a su experiencia personal y utilizarla de la forma que mejor le convenga, aunque ello incluya simplemente deshecharla.

La curiosidad que tienen los humanos por la vida de otros humanos es oro molido para los intérpretes, aunque puede convertirse en carbón si no la sabemos aprovechar. La magia está en valernos del momento justo en el cual la gente “quiere saber”, es ese instante en el cual tenemos la mente de nuestros visitantes despierta y enfocada hacia nosotros, hacia lo que les queremos decir. Los siguientes segundos son cruciales: O mantenemos la atención o la perdemos, a veces, para siempre.

 

Si retomamos lo dicho en un principio, sabremos que en este momento justo, nuestra audiencia está lejos de querer memorizar datos, y más bien ansiosa por conocer a las historias y a los actores que están en ellas. Así, si utilizamos como punto de arranque que la gente es curiosa, y no que a la gente no le importa nuestro objeto de divulgación, podremos mentalizarnos a tener resultados radicalmente positivos.

Por ello es importante ser mucho muy conscientes de nuestro punto de partida, y es que los humanos somos curiosos. El instinto de husmear por la vida de los demás es algo que hemos aprendido genéticamente desde antes de ser humanos, y es algo que, de hecho, compartimos con un enorme porcentaje de seres vivos. Los pájaros, por ejemplo, incrementan sus oportunidades de vivir monitoreando llamadas de larga distancia de otros pájaros, como lo descubrió el ornitólogo Peter McGregor; y aunado a ello, cientos de evidencias demuestran cómo los animales observan a otros animales como una estrategia de supervivencia.

Los humanos “necesitamos” observar a otros, y hemos desarrollado muchas formas de hacerlo, algunas permitidas y otras no muy bien vistas. El lingüista John Locke en su libro “Eavesdropping: An Intimate History” argumentó cómo todos los humanos en todos los tiempos han querido saber qué está pasando en la vida personal y privada de los demás. El propio Locke dice: “Todos tenemos el deseo de probar, e incluso de experimentar, las vidas privadas de otros. Este apetito no tiene nombre, pero es ampliamente reconocido, al menos tácitamente”.

Esta cualidad ha dado mucho de qué hablar en la historia de la humanidad y ha desprendido reportes a veces anecdóticos. En 1425 en Inglaterra, John Rexheth fue acusado de “escuchar en la noche y husmear los secretos de sus vecinos”. Un siglo después, Agnes Nevel fue acusada de disturbio por quedarse bajo una ventana, en donde “escucha todas las cosas que se dicen”. En 1578 una corte determinó que Philipp Bennet “era un husmeador que se esconde bajo las paredes y ventanas de sus vecinos”. Todos ellos, acusados de ser “eavesdroppers”.

La satisfacción por la necesidad de conocer historias ajenas se deja ver en una enorme diversidad de expresiones humanas: Desde el consumo de películas, novelas -telenovelas “baratas”-, e historias depositadas en otros dispositivos, aunque esto no ocurre solamente en el ámbito privado. La curiosidad y el “husmeo” también se da hacia sociedades y culturas enteras, y llega a fomentar  actividades como el turismo cultural, la asistencia a museos antropológicos, y por supuesto, la propia existencia de disciplinas de investigación en ciencias sociales, en donde los curiosos se visten de arqueólogos, historiadores, antropólogos y muchos más.

La rutina de unos puede ser algo exótico para otros. El turismo cultural fomenta y a veces satisface la necesidad de saber cómo viven otros. Antigua, Guatemala. Fotografía: A. Jiménez.

En el ámbito social esta curiosidad también tiene un fundamento instintivo, de supervivencia. Una curiosidad vital es saber si otros seres humanos son amigos o enemigos, así como si otros grupos son una amenaza para la estabilidad y la supervivencia propios. Es también útil saber si otros grupos saben algo que nos puede servir, o si el compararnos con otros nos ayuda a reflexionar sobre nuestra forma de vivir. La comparación también puede servir como un arma que ayuda a unos grupos a reconocerse como mejores que otros, o incluso para fomentar un conocimiento que ayude a dominar a los demás. 

La interpretación satisface a los curiosos

La curiosidad sobre historias de otros humanos puede satisfacerse acudiendo a lugares que nos hablen de otras formas de vivir, y los proyectos de interpretación son medios ideales para provocar encuentros entre nuestros visitantes y la gente distinta ellos que está representada a través de objetos e historias en nuestros museos y exposiciones. Para mejorar los programas de interpretación, un consejo sale a colación: Si ya hay una curiosidad latente, aprovéchala; y si no, provócala. Haz que la gente “quiera conocer esa gente” (y para eso no presentes objetos, presenta historias de gente asociada con esos objetos). En el proceso lograrás que la gente “quiera saber”, “quiera ver”, “quiera experimentar” partiendo del hecho de que, por nuestra naturaleza humana, la curiosidad ya está de nuestro lado.

Inicia una historia que podrán resolver durante la exposición, presenta un conflicto por resolver. Haz que la gente se asome, y después, atrápalo con el buen uso de las herramientas y los instrumentos de la interpretación, como los publicados por Tilden, Ham y muchos otros intérpretes que han desarrollado metodologías puntuales para el desarrollo de discursos memorables y sigificativos.

Entre ellas, podremos ayudarnos también de otras disciplinas, como la propia pedagogía, en donde encontramos la propuesta de Francisco Mora para estimular la curiosidad.

Termino esta reflexión con una cita de Locke: “El hecho es que todos nos preguntamos que hacen, sienten y piensan otros individuos (…) El espectador apasionado, dijo Baudelaire, es un “Yo” con un apetito insaciable de un “No-Yo”.

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Ham, Sam (2013) Making Interpretation With Purpose. Interpretation. Making a Difference on Purpose, 2013. Fulcrum Publishing. Golden, Colorado.

Locke, John L (2010) Eavesdropping: An Intimate History, USA: Oxford University Press.

McGregor, Peter (Editor) (1992) Animal Communication Networks. University Press, Cambridge. 

Tilden, Freeman (1977) Interpreting Our HeritageNorth Carolina: Chapel Hill.

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