¿Para qué sirve la Interpretación de la Arqueología y la Historia?

Provocar a la gente a que piense y a que hable de sus pensamientos es sin lugar a dudas el objetivo de la interpretación que Sam Ham propone, tal como lo expresa el título de su libro “Interpretación. Haciendo diferencia intencionalmente” publicado en 2013. Es un mensaje que tiene fuertes implicaciones en la forma como concebimos la planeación de los programas de interpretación.

Dr. Sam Ham exponiendo la teoría de creación de significado. Coloquio Internacional de Divulgación del Patrimonio Cultural y Tecnologías Digitales. Encrym, octubre 2017.

Evidentemente, un consecuente automático es la reflexión acerca de lo que desde cada disciplina buscamos lograr en términos muy concretos, con plena conciencia de que no podremos saber si fuimos o no exitosos a menos que sepamos qué está pensando la gente al momento de haber “consumido” el producto que preparamos para ellos. ¿Están pensando en dónde dejaron las llaves de su auto? ¿están pensando en la hora que es? ¿o están teniendo una experiencia de tipo “WOW” que pone una serie de informaciones que les proporcionamos en algún lugar significativo de su propia experiencia humana?

Sin duda, este último es el objetivo más preciado que podemos tener, y probablemente, más que imaginar una pregunta del tipo “qué quiero que piense”, que implicaría una orientación dogmática e impositiva, habríamos de reflexionar en nuestra planeación interpretativa “sobre qué quiero que piense”. ¿Qué asociación de pensamientos quiero que ronde su mente? ¿a dónde los quiero llevar?

Estas preguntas son todo menos triviales. El tipo de respuesta y su argumentación estarán delineando nuestra propia perspectiva de utilidad de la interpretación del patrimonio, y por ello, el carácter que le estaremos imprimiendo a nuestros productos.

Ello nos lleva a reflexionar, por lo tanto, sobre el motivo personal que nos lleva a hacer interpretación, y para lograr una respuesta nos podemos remitir al tipo de escuela que nos formó. Para arqueólogos e historiadores, por ejemplo, la utilidad de la interpretación vincula tres campos: la información producida a través de la investigación; los objetos (con mayor predominancia en el ámbito arqueológico); y el público no especializado en estas disciplinas.

Ciertamente los académicos estamos muy preocupados por lograr transmitir información fidedigna, y a pesar de que al interior de nuestras disciplinas las verdades absolutas son algo que no existe, procuramos al menos brindar algo lo más apegado a las interpretacionesque han costado años de investigación y de debate. Para los académicos la información es algo muy, muy preciado, y cuando vemos publicado algo que no corresponde con lo que asumimos como interpretaciones válidas, nos podemos poner bastante nerviosos y molestos, ante un sentimiento de descalificación de nuestro esfuerzo por entender y por brindar a través de publicaciones especializadas lo que sabemos.

Un apoyo para ayudar a emanar pensamientos son las reproducciones humanas en sitios históricos. Carrickfergus Castle, UK. Fotografía: Antonieta Jiménez.

En el trabajo de planeación de la interpretación, por ende, procuramos situarnos en un lugar de toma de decisiones sobre lo que se va a decir; o en su defecto, intentamos al menos asesorarnos por investigadores con suficiente experiencia y/o trayectoria consolidada que nos den confianza para hablar sobre el pasado con datos fiables. Hasta aquí, parece que encontramos cierto consenso con otros colegas: Es importante, cuando no fundamental, apoyarnos en quienes han dedicado a la investigación años o décadas, con experiencias compartidas con otros colegas que remiten el conocimiento a veces a siglos atrás.

De aquí en adelante y en el camino de la divulgación, sin embargo, comienzan algunas discrepancias y probablemente el fundamento de ellas tenga que ver con dos simples preguntas originarias: Los historiadores y arqueólogos se habrían de preguntar ¿para qué quiero comunicar esto?, que dependiendo de la respuesta, podría chocar con su contraparte, el público, quien, hipotéticamente, podría preguntarse ¿por qué quiero saber algo sobre el pasado? (o dicho de otro modo, ¿de qué me sirve?).

Numerosos estudios de públicos a museos, exposiciones y zonas arqueológicas nos dan cuenta de un desfase en ambos tipos de respuesta. Por ello, bien merece la pena proponer puentes generales de objetivos que nutran a ambas partes y que vinculen a la investigación, a los objetos (patrimonio arqueológico e histórico), y a la gente que ha venido a inspirarse por ellos (parafraseando en este último apartado a Beck y Cable en sus 15 principios de la interpretación del patrimonio).

Probablemente un tipo de puente puedan ser los pensamientos que queremos que ronden por la mente de nuestra audiencia. Ham propone como objetivo de la interpretación la “provocación de pensamiento”, que complementa con un consecuente, que es “provocación de charlar sobre los pensamientos” (thought provoking is talk provoking). Bajo este esquema, ¿por qué no proponer algunos tipos de pensamientos deseables? Si bien cada discurso o cada programa interpretativo es distinto porque manifiesta diferentes historias, propongo algunos posibles objetivos que pueden ser un puente entre lo que sabemos y lo que a nuestra sociedad contemporánea le representaría un conocimiento más útil, relevante y significativo.

Así, y como parte de los objetivos de los discursos interpretativos, me gustaría que la audiencia pensara en la gente antigua, en cómo era vivir en la misma tierra, con otras condiciones de vida e incluso con otro tipo de organización social.

Me gustaría que pensaran en ellos mismos y en la forma en que solucionan sus problemas cotidianos, y que dejara de ser algo tan automático y más bien se convirtiera en algo realmente sorprendente el mecanismo de subsisencia y de obtención de recursos para la vida cotidiana en su presente.

Me gustaría también que las personas se pensaran y reflexionaran profundamente sobre nuestra capacidad de transformar la naturaleza y de vivir con ella, a partir del conocimiento de contrastes en las formas de vivir el entorno natural, y que se permitiera aprender de otras formas de pensar el mundo, de concebir nuestro papel como humanos como parte de la naturaleza y no como entes que viven sobre de ella.

Me gustaría que se sorprendieran ante la creatividad en la diversidad humana para solucionar los mismos problemas compartidos por todos, bajo otros esquemas de cooperación y de asociación cotidiana entre personas.

En corto, y a reserva de que las posibilidades son implícitamente vastas, buscaría en los ejemplos de vida antigua posibilidades de reflexión sobre la forma en que vivimos local y contemporáneamente. Con ello, estaríamos abonando a un renovado sentido de utilidad del conocimiento sobre el pasado que podemos traer a colación en muchos de nuestros proyectos de interpretación del patrimonio. Con ello estaríamos fomentando el aprovechamiento de la arqueología y la historia como manifestaciones de la diversidad humana, y de paso, propiciando una nueva valoración de los objetos (el patrimonio tangible), que ha quedado como testimonio de todas esas historias del pasado.

 


Referencias

Beck, Larry, y Ted Cable (2002) Interpretation for the 21st Century: Fifteen Guiding Principles for Interpreting Nature and Culture. Segunda. Sagamore Publishing.

Sam, Ham (2013) Interpretation. Making a Difference on Purpose, Fulcrum Publishing. Golden, Colorado.

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